Cambiando Roscón por Galette

Creo que es el primer día de Reyes que me pilla trabajando. En mi casa hace tiempo que cambiamos el día de Reyes por Nochebuena, porque a nadie le pillaba ya en Cádiz, así que este día, si alguien andaba por casa, como mucho nos poníamos algunas chuches en la chimenea, pero no como los días de Reyes de antaño. Así que aunque me dé cosita no salir a ver la cabalgata a luchar a muerte por caramelos de propaganda de caja rural que dos semanas después acabaría tirando, tampoco me supone un trauma.

Lo que me da rabia es que este año me he quedado sin probar el roscón! Entre unas cosas y otras, y como ya de por sí andaba comiendo cual gorrina toda la Navidad, realmente ni me acordé, hasta hoy. Sin embargo esto me ha permitido probar el equivalente francés/suizo de la Galette des Rois, ya que una compañera del trabajo ha traído una para que todos la probáramos en el desayuno.

La Galette es una especie de tarta de hojaldre rellena de mazapán (todo light, of course). Dentro tiene también sorpresas escondidas, y trae coronas de cartón. Se supone que las personas que encuentren la sorpresa, serán los reyes y se pueden poner la corona. De hecho, mi jefa y un compañero las han tenido puestas un buen rato, jaja.

Más o menos esta pinta tenía el asunto

Debo decir que el mazapán de dentro (frangipane, en la lengua de Baudelaire), no es tan tocho como el de españa, que te comes un trocito y necesitas una traqueotomía. Este estaba algo más suave y fluido, así que el invento estaba bastante bueno.

En la wikipedia dice que este tipo de roscón es típico en Francia, Suiza, Luxemburgo, Bélgica y el Líbano. Me pregunto si en la parte alemana de Suiza también lo toman.

Por otra parte, los Reyes sí que me han dejado un regalito en la oficina, de una compañera española: Una morcilla de Burgos que en breve voy a degustar, y el típico paquete de papas artesanas tipo Casa Paco (Clásico de Jaén), que están de muerte. Yo le había dejado a ella un detalle el día anterior y mira, ¡al menos hemos tenido un poco de día de Reyes aunque sea a nuestra manera!

¡Espero que os hayan traído muchas cosas!

 

El post de después de Navidad

Hoy estrenamos año y lo primero que he hecho es… volver a Suiza. El concierto de año nuevo lo he medio escuchado en el coche mientras Maromo me llevaba al aeropuerto, ya que él, suertudo, tiene una semana más de vacaciones y yo el día 2 tengo que volver al trabajo.

Hemos tenido que hacer malabares para meter todo lo que quería traer en la maleta, ya que TODO ERA IMPRESCINDIBLE, desde la botella de aceite de primera prensa para las tostaditas hasta la cuña de queso curado (el Gruyère está muy rico, pero el García Baquero me pierde…).

Las vacaciones se me han hecho cortas, como siempre. Me hago una idea mental de todas las cosas que quiero hacer antes de ir a España, y al final suelen verse reducidas a la mitad, principalmente por las horas pasadas en el brasero viendo cualquier película tipo “Milagro de Navidad”, o durmiendo la siesta. La tentación es demasiado grande, y al final no tengo fuerzas para salir de ahí y me digo, qué leche, para eso están las vacaciones.

Como quien mucho abarca poco aprieta, y por mi configuración familiar y maromil tengo que pasar por 3 ciudades Andaluzas durante la Navidad, al final concentro las quedadas con amigos, y en un día organizamos una comida donde tienes que poner al día a todos y recibir las correspondientes actualizaciones. Es un poco triste, porque te vas dando cuenta de que cada vez te enteras menos de lo que pasa, pero me quedo con lo positivo de que al menos conseguimos juntarnos unos cuantos aunque sea una vez al año, que no es poco teniendo en cuenta que estamos repartidos por toda la geografía mundial: España, Suiza, Bélgica, Colombia y Alemania. Quién nos lo iba a decir cuando estudiábamos todos en Sevilla…

Así que esta semanita me toca reconciliarme con el clima (estábamos a 17 grados y solecito allá abajo, el abrigo era necesario, si acaso, de noche…) y con el ritmo. Ese será mi propósito para la primera semana de 2017.

Feliz año nuevo!

50 shades of grey & la ecuación vital

Sí amigos, este es el tiempo que tenemos en la querida Ginebra, lo cual unido a que quedan 4 días 18 horas y 34 minutos para irme a España de vacaciones, hacen que el tiempo pase muy lento, muuuuuy lento, así como si te contaran un chiste en balleno.


Escribo menos que un adolescente con iPhone, pero lo cierto es que desde que nos mudamos de casa (yeah!) hasta hoy, hemos recibido 4 visitas y hemos tenido que “montar” un apartamento, que aunque no sea muy grande, estaba vacío, lo que se dice “del tó”. Estos Suizos no te dejan ni las lámparas al alquilar un piso, maremía.

Las luchas finales con la loca del wifi al dejar nuestra antigua casa terminarán en los tribunales. Sí hamijos, la buena mujer me ha tocado tanto los linfocitos que al final he decidido utilizar todos los resquicios legales para darle en toda la raclette. Esto será desarrollado en otro post que titularé algo así como “Guerra al casero”.

Y mientras, creo que casi he llegado a desarrollar una teoría sobre mi propia existencia, que confirma que nena, no se puede tener todo. La hago pública -o digamos, semipública, vete a saber quién lee esto- para saber si esto le pasa a alguien más.

La teoría del cangrejo cojo, como me gusta llamarla, dice que la vida de la menda se sostiene en múltiples patas cual cangrejo, lo cual ayuda a que el mismo no se caiga si falta alguna, pero que  sin embargo le condena a estar siempre cojo.

Suena guay eh? Pues no, es una mierda! Pongamos un ejemplo básico, definiendo estas “patas” o elementos como sigue:

  • Tener trabajo
  • Ser financieramente independiente
  • Tener buena salud
  • Estar en forma (ya tú sabe, másomeno)
  • Tener buena relación con la familia
  • Relación de pareja satisfactoria
  • Relaciones sociales satisfactorias
  • Intereses / Hobbies / Desarrollo personal satisfactorio

Mi teoría confirma, en mis limitados y no rigurosos ensayos personales, que hay patas incompatibles, como “Relación de pareja satisfactoria” y “Estar en forma”. Esto es una lucha titánica, a mí el deporte me cura de las depresiones por ruptura, pero cuando estoy feliz soy como los cochinillos en un charco, y ésta, que un día llegó a hacer un triatlón, hoy no llega corriendo ni al tranvía.

Ningún cangrejo ha sido sacrificado en la concepción de esta teoría


Luego existen relaciones un poco conflictivas como “tener trabajo” y “tener buena salud”. A mí el estrés y las preocupaciones se me reflejan en la salud en forma brotes atópicos en la piel, problemas en los ojos, etc. Al menos eso me decían todos -médicos y madre, que también es médico- cuando a principios de este año empecé con todos esos problemas que no tenía desde, ejem, la adolescencia. “Cuando encuentres trabajo y te relajes se te va a curar todo”. Hey, holiiiis, llevo trabajando desde Mayo y sigo con más mala cara que un pollo asado del PRYCA. Tengo “peace of mind” y todo, pero nada. No le deseo males dermatológicos ni a mi peor enemigo… Incluso el jefe de servicio de dermatología del HUG (Hospital Universitario de Ginebra), además de cobrarme un riñón por cambiarme de marca de crema hidratante, no me ha dado muchas más soluciones 🙂

Es un coñazo este post y no tiene sentido? Puede, pero ya has llegado hasta aquí, y quizás todo este desvarío sea simplemente por la falta de rayos solares en estas últimas semanas, y cuando me de un poco el Lorenzo y me trinque unos buenos anises del mono y mantecados de Estepa, se me pase la tontería.

Feliz preparación navideña!

Cádiz

Yo no nací en Cádiz, nací en Jaén, pero los Gaditanos nacemos donde nos da la gana. Cádiz es ese olor a choco frito y a pescado riquísimo, es ese grito de “Quilloooo” que se cruzan dos que se encuentran por la calle, esa brisa de poniente al caer la tarde. Las playas infinitas, de arena fina, que en algunos lugares siguen sin estar sobreexplotadas por culpa gracias al viento de Levante, que ahuyenta a los veraneantes más atrevidos. Es poder quedar con alguien hoy mismo, cambiar el plan en el último momento porque te enteras de que hay una feria en algún sitio. Es salir a las ocho de la tarde, con el pelo mojado, a tomar un tinto de verano en la playa. Son las albóndigas de choco, las tortillas de camarones, el Carnaval. 

Pero Cádiz es también esa estación de RENFE a donde llegas con tu billete electrónico pero tienes que hacer cola en la ventanilla para que te abran la entrada, y al final da igual haberlo comprado por internet que con un ábaco de madera. Es ese policía local que se queja de la corrupción pero te cuenta que imprime todos los libros de la universidad de su hija en la comisaría porque allí “es gratis”. Es ese tranvía de chopocientos millones de Euros que sabes que nunca será rentable y que dudas que llegue a funcionar. Es un 40% de paro, pero lleno de instaladores de aire acondicionado, albañiles, fontaneros, jardineros y electricistas que no te dan una factura ni a tiros. Es esa chica que se decide a estudiar contabilidad en lugar de márketing aunque le atrae más lo segundo, porque “es en Jerez, y contabilidad es en Cádiz, e ir todos los días hasta Jerez sin estar segura…”.


Cádiz es a donde siempre me gusta volver pero donde no podría volver a vivir. Unos días son estupendos, unas semanas incluso, siempre que haya fecha de salida. Es el lugar donde relajarse, perder el tiempo, pasear, disfrutar del sol y de la familia. Pasar por la puerta de tu antiguo instituto y que parezca que aquello fue hace un siglo. Es ver al hijo del vecino que ha terminado la carrera y que iba al cole cuando te fuiste. Es despedirte cada vez con la pena de querer quedarte un poco más pero sabiendo que no querrías quedarte demasiado.

Buscar un piso en Ginebra

Aprovecho para escribir mientras me pongo en modo inmobiliaria para recibir visitas de futuros víctimas inquilinos de “la loca del wifi”. Sí amigos, maromo consiguió trabajo de lo suyo (empieza en septiembre, yey!), hemos conseguido encontrar otro apartamento, y si todo sale bien, por fin podré dormir tranquila sin pensar en que quizás con mi respiración estoy molestando a alguien en este remanso de pejigueras paz.

Encontrar un apartamento en Suiza -y me atrevería a decir que en Ginebra en particular- no es cosa fácil, mucha demanda, poca oferta, y la mafia de las Régies (Inmobiliarias), que poseen la mayor parte de los inmuebles y con las que hay que lidiar.

Para conseguir alquilar algo, normalmente tienes que visitar el sitio y entregar:

  • Tus tres últimas nóminas
  • Un certificado de no tener deudas en Suiza
  • Tu permiso de trabajo o pasaporte Suizo

Si ya vives aquí y trabajas*, tendrás esos documentos, y normalmente la Régie calculará que el alquiler no supera un 25-30% de tu salario bruto para considerarte como candidato, por lo que dos sueldos mejor que uno, claramente.

 

Para nosotros era importante encontrar algo con al menos una habitación más (Estamos en un estudio ahora mismo) y en una zona con mejor comunicación, ya que desde aquí al trabajo de Maromo son 40 min. Vimos 3 apartamentos y entregamos 3 dossiers con todos los documentos, y voilà, a la tercera va la vencida! En octubre nos mudamos! Aunque siempre hay pros y contras, el poder tener un salón para invitar a gente (y que no se tengan que sentar en… la cama?) va a ser un gran cambio (esto en España suena a coña, pero es que no me podía permitir un piso más grande yo sola!!!).

El tema es que para poder dejar nuestro apartamento actual, como no hemos avisado con 3 meses de antelación, tenemos que buscar a alguien que se quede con el piso y que le mole a la loca, así que he publicado anuncios en internet y tengo algunas visitas ahora. Luego me toca recopilar los dossier y entregarlos para que la buena señora, decida.

¿Por qué todo es tan complicado en este país? ¿Alguien en otra zona de Suiza que haya tenido experiencias distintas?

*Si es la primera vez que buscas casa en Suiza, no tendrás nada de eso, así que las alternativas son:

  • Subalquilar un apartamento (es legal aquí y mucha gente lo hace por períodos más o menos largos para no soltar el apartamento pero ahorrarse unas pelas si no van a estar aquí). Te piden menos papeles ya que se trata de alquilarle a un inquilino.
  • Tirar de AirBnB, hostales o similares, claro que mucho más caro.
  • Si tu permiso de trabajo lo permite, alquilar algo temporalmente en Francia vecina.

No holidays here

Este es el primer verano que no tengo vacaciones. No se me hace muy pesado porque me gusta mi trabajo y la ciudad en verano es bastante agradable (no echo nada de menos los veranos sevillanos/cordobeses a 47º ni el verano gaditano con el pueblo saturado de turistas a más no poder), así que realmente el tiempo pasa rápido y voy encontrando cosas que hacer. Lo que es curioso es ir viendo cómo los demás sí se van de vacaciones, y lo que les cuesta volver.

En el trabajo he estado sustituyendo a compañeros que se han ido, así que tenía que hacer su trabajo y el mío, y aunque alguna semana me he quedado un rato más para llegar a ponerme al día, lo he llevado bien. Mi contrato es aún temporal (hasta enero), pero visto que la persona a la que sustituyo dejó la empresa, tengo la esperanza de quedarme más tiempo. Mi jefa (a la que amo oficialmente) me ha comentado varias veces que está muy contenta con mi trabajo y con lo rápido que he asimilado todo, así que por ella no será…

Mientras, mi querida casera y sus curiosas maneras de comunicarse también me han tenido entretenida. Estoy deseando encontrar otro piso y perderla de vista, porque esta mujer de verdad que está para hacérselo mirar, y bien. Miramos anuncios de vez en cuando, pero lo cierto es que para mudarnos, con la que hay que liar, nos tiene que gustar mucho el sitio y tiene que entrar en nuestro presupuesto. Maromo empieza a trabajar en septiembre (yeah! es un auténtico campeón), así que tendremos más posibilidades con 2 sueldos.

Mi mini vacación consistirá en un finde en Ámsterdam dentro de un par de semanas. Tenía ganas desde hacía mucho tiempo de conocer Holanda, y gracias a una oferta de Easyjet con horarios adecuados para el finde (cosa rara) podremos conocer la tierra de Van Gogh.

La semana pasada fue puente por el día de la fiesta nacional, 1 de Agosto. Como Maromo estaba en España de vacaciones y no quería quedarme sin hacer nada especial, fui con mi mejor amigo y su familia a conocer el departamento francés de Ardèche, a unas 5 horas de coche de aquí. Fue, sin lugar a dudas, una experiencia… que dudo que repita. El grupo en cuestión éramos mi amigo, su novia, su hija de apenas 2 años, y la hermana de 14 años del matrimonio anterior de ella. Sounds like a plan. La cosa empezó bien, pero la verdad es que es agotador llevarle el ritmo a una familia que no es la tuya, y que ahora mismo tiene frentes abiertos a nivel Dora Exploradora y Justin Bieber. Las niñas eran un encanto, pero ellos perdían la paciencia cada 10 minutos y echaban broncas a diestro y siniestro. Se daba el fenómeno de cabreos encadenados -bebé cabrea a madre, madre paga con adolescente, adolescente paga con padrastro, y ya sólo quedaba yo, que era la suiza neutral-, que me tenían en un estado de pseudo tensión todo el día.

Al final, a pesar de que les quiero mucho, acabé la escapada más cansada que cuando me fui. La zona es preciosa y con mucho para disfrutar, pero ni pude hacer la actividad estrella (descender el río Ardèche en kayak), ni pude ser muy proactiva en los planes, porque ellos mandaban. Me gustaría volver con Maromo para ir más a nuestro ritmo.

Me ha salido un post un poco de cualquier manera, pero al menos manifiesto que sigo viva y coleando.

Hasta pronto!

Cartas desde el piso de abajo

Quizás hayas leído el post en el que presenté a mi querida casera, a.k.a. La Loca del Wifi. Es un buen antecedente para este nuevo episodio de encuentros en la tercera fase Suiza.

Volvía yo, jovial y glamurosa tras una jornada de trabajo en Disneywork -todo lo jovial que se puede volver apretujada en el tram 12 a las 6 de la tarde, y todo lo glamurosa después de que el aroma del interior del mismo fuera más bien a choto-, cuando, tras mirar en el buzón y encontrar una carta, compruebo con estupor que la dirección del remitente es idéntica a la del destinatario (moi), y que para más inri, se encuentra franqueada y entregada por nuestros amigos de La Poste.

Cartas desde tu propia casa. Inquietante.

Evidentemente, tal contrasentido solo podía provenir de mi querida Loca del Wifi, que pasaba ahora a un estatus superior, siendo capaz de escribir e imprimir una carta (no era manuscrita), llevarla a la oficina de correos, ponerle el sello más barato de Suiza (por 85 céntimos envías una carta que tarda unos 3-5 días, pero por 1 franco llega al día siguiente), y enviármela a mí, que vivo en el piso de arriba. A mí, a la que manda sms cuando mi susurro supera los 5dB, y con quien se comunicaba por e-mail cuando firmamos el contrato.

“No límites mis formas de expresión”

¿Se habrá vuelto (semi) Amish? Digo semi, porque llegó a abrir el word, escribir la carta e imprimirla. Tendría algún tipo de justificación lógica si fuera como mi ex ex ex ex ex ex casero, el señor Antonio de Espartinas, que nos comunicaba a mis compañeras de piso y a mí cualquier buena nueva por correo postal, y aunque le llamáramos, el hombre se aturrullaba (era mayor y de pueblo) y la cosa no se hacía “oficial” hasta que no había carta de por medio. Hablo de misivas como esta:

Reina Mercedes, Sevilla, 12 de Marzo de 2004
Estimado Antonio,

Por la presente le comunicamos la avería recurrente de la lavadora. Debido a la persistencia de la misma, nos vimos obligadas a llamar al técnico pertinente, que se sorprendió de que siendo un modelo tan antiguo, siguiera aún con vida, a pesar de que usted afirma que la misma está casi nueva. Quizás debiéramos revisar el concepto “nuevo”, ya que en el marco de una existencia dilatada como la suya, el hecho de que la lavadora tenga 20 años pueda ciertamente calificarse como nueva, mientras que para nosotras, estudiantes de 3º de carrera y con 21 años, es de hecho el 98% de nuestra vida, lo cual nos impide considerarla “nueva”. […]

Sin embargo, no puedo considerar que mi compi yogui la casera juegue en esta liga, ya que me ha enviado e-mails con anterioridad. Entonces, ¿Por qué enviarme una carta postal por correo no certificado, pudiendo incluso depositar la misma sin franquear en mi buzón, situado a 34,5 mm exactamente del suyo? Hm. Veamos el contenido de la carta.

En efecto, la carta, en un inglés B1 sin florituras, venía a decir:

Hola,

Está la cosa tomatosa, y el consumo de calefacción ha subido, así que a ti te toca pagar 30 francos más al mes.

Ciao Bacalao,

Atentamente,

La Loca

Ahhhhh, acabáramos! Que es para pedir pasta sin ningún tipo de justificación! Ahí comienza a cobrar sentido el enrevesado canal comunicativo, para ver si cuela, o algo. Una nota sin ningún tipo de cálculo donde ponga cuánto he gastado de más, o cómo se reparte la factura de la calefacción entre todos, ni nada.

Y aquí entra en juego una respuesta de nivel cultura Suiza B2 (nivel que me auto-atribuyo tras unos dos años de análisis helvético por mi parte), que es contestar, educadamente, que le voy a pagar eso sin justificación cuando Heidi cante reaggeton, citando artículos de la ley de arrendamientos y a la asociación de defensores de los derechos del inquilino.

Por supuesto, en una carta a la que puse un sello de 85 céntimos y deposité en el buzón más lejano que me fue posible.

Hasta la próxima 🙂