Querida ¿salvadora?

“Una semilla en esta tierra desolada” -dices, mientras me acaricias el pelo melosamente-, “eso es lo que soy para ti, ¿verdad?”. Con cuidado me vistes, como cada día desde no sé cuando; primero una manga, después la otra…y tarareas una canción con la alegría de un deber elegido, el deber de cuidarme, cómo olvidarlo, la cantinela de cada día. “A saber qué harías tú sin mí” -dices siempre-. Y tienes razón, no sé qué haría porque no puedo moverme, aunque no recuerdo bien desde cuándo es así, ni tampoco entiendo por qué tengo las muñecas atadas.