Impossible? I’m possible!

Me cuesta mucho encontrar un rato para escribir aquí, y es que parece que, al menos para mí, escribir es terapéutico, una vía de escape, de manera que escribo sólo cuando lo estoy pasando mal y necesito verbalizar, ordenar pensamientos y, de alguna manera, avanzar. De esa manera, escribir es algo que me sale mucho más natural y fluído. Por tanto, si tanto me cuesta escribir ahora, es porque soy mucho más feliz 😉

Así es, aunque mi vida siga en un camino desconocido de momento para mí, soy feliz, porque hago lo que hago de manera consciente y porque creo que me lleva a un lugar mejor, que me abrirá otras puertas, sin planificar mucho más allá del siguiente paso: es lo que más me ha costado aprender pero a la vez lo más reconfortante para mí, que he sido organizada y planificadora desde mi más tierna infancia. Ahora me doy cuenta de que no puedo (ni quiero) tener el control de todo y que no tiene sentido enfrascarse en un agobio extremo por no saber qué pasará, si conseguiré trabajar, o qué será de mí en 5 años. No sé qué será de mí en un mes, y empiezo a estar cómoda viviendo en la incertidumbre.

He apostado por luchar por una beca de comercio exterior que puede llevarme al extranjero por un año como mínimo. Es un tema que no domino, pero que no es física cuántica y que si diplomados en Turismo lo han conseguido otros años, puedo hacerlo yo. Lo voy a luchar, eso seguro, y la idea de trabajar en un ambiente internacional donde me exijan utilizar por fin los idiomas que tanto he disfrutado aprendiendo, me encanta. Lamentablemente no conseguí el puesto para el que me entrevistaron justo después de dejar el trabajo, pero no pasa nada. Quizás no era ese mi momento.

Me sorprendo a mí misma de lo contenta que estoy comparado a cómo pensaba que estaría cuando vi que era más que probable que me quedara en paro. Me levanto cada mañana y no tengo la sensación de un vacío vital. Me pongo a estudiarme la beca y cuando me canso siempre tengo algo que hacer: edito una foto, me voy a hacer deporte, quedo con alguien. Y no necesito tanto dinero como pensaba, puedo ir tirando. Esto tiene que servirme de lección para no volver a tener esos ataques de insomnio y estrés que me provocaron incluso un herpes por saber que se me acababa el trabajo.

Y suma y sigue! El triatlón fue una experiencia magnífica y que espero repetir en cuanto pueda. El día de antes me acojoné un poco pero luego allí todo fue genial. Los tres amigos a los que convencí para ir también lo pasaron de muerte, el ambiente era espectacular, la gente animada y había de todo: Pros y no tan pros, así que se me fue el miedo y empecé a disfrutar al sentirme parte de todo aquello. Dejando las cosas en boxes hablé con un par de chicas que tenían dudas tontas igual que yo, y nos reímos, así que me fui relajando.

Tras ver al resto de categorías, y encontrar entre montones de cabecitas con gorro amarillo a una lifestraveller a punto de competir, llegó mi turno. Iba totalmente concienciada a golpear y ser golpeada en la natación, así que eso no me dió ningún miedo. Me tiré del tirón y preferí tener una posición más bien por fuera para evitar la total marabunta. Aunque se formaban pegotones no tengo la sensación de haber sido pateada… sino al contrario, creo que pegué más de una patada y aparté a dos o tres en mi camino, pero… así es la vida, supongo. Lo malo es que estuve a punto de irme a la otra orilla del río porque me despisté y ahí perdí algo de tiempo, pero luego enfilé y salí del agua con el puesto 22 de 41 de mi categoría, que, para ser yo, está genial. Llegué corriendo, me puse los avíos y hala, la bici. Es lo que peor llevaba porque aunque hubiera entrenado, la bici no era gran cosa y yo no soy una gran ciclista. Conclusión: me adelantó todo el mundo en la parte de bici, que fue especialmente durilla por el viento en contra en la mitad del recorrido. Cuando llevaba la mitad, al pasar un puente, de repente escuché gritos de ánimo, y es que allí estaban 3 de mis amigos que se habían acercado a animarme, qué subidón me dió ese momento, les di una palmada y eso me dio fuerzas para continuar! Acabada la bici, la solté y sin pensarlo mucho me puse a correr. Los primeros minutos noté que uno de mis gemelos quería fiesta, pero aguanté a ritmo bajito y se fue pasando.

A pesar de que correr después de una tralla semejante puede parecer el remate de un cadáver, lo cierto es que no sufrí. Disfruté todo el rato y la serotonina corría por mi sistema nervioso porque me daba cuenta de que LO ESTABA CONSIGUIENDO. Yo, con dos cojones. Aunque aquello se volviera tan extenuante que tuviera que trotar como un pequeño pony, sabía que iba a llegar. Me adelantaron algunos, y yo adelanté a dos, creo. Unos niños me gritaron para animarme y si no fuera porque tenía que seguir les hubiera dado un achuchón a cada uno. Poco después escuchaba la música y el follón de la meta, y eso me dió el último impulso. Al llegar no sólo estaban mis 3 compañeros esperándome, sino una amiga que grabó un vídeo y uno de mis amigos fotógrafos para inmortalizar el momento. Fue genial! Es una sensación que no entenderá quien no se haya puesto nunca a prueba. Uno de mis amigos me dijo en ese momento: “Estoy orgulloso de tí… podemos hacer lo que nos propongamos!” y me sentí como en esas películas de serie B que te plantan en la sobremesa de antena 3 donde suele haber alguna historieta de superación cuasi inverosímil. Ésta fue la mía, y esto es sólo el comienzo.

[Flash Back. 28 de abril de 2010]

El día que ocurrió todo lo malo, ese día, me perdí en internet y el post donde acabé era este. Pensé “esta tía está loca”. Un triatlón, dice. A mí eso me sonaba a la tienda Decathlón, pero en pro. No le hice mucho caso. Pero seguí leyendo. Al mes siguiente retomé la piscina después de casi 6 años sin haberla pisado. Creí morir, pero aguanté. En septiembre empecé a correr con dos amigas. 1 minuto y 1 minuto andando. Creí morir, pero aguanté. Ellas lo dejaron a la semana siguiente porque “hacía frío”. Cada vez me parecía menos loco todo aquello, pero aún muy lejos de mi alcance. Me traje una bici del año pum a Sevilla y me di una vuelta. Creí morir… pero de nuevo, aguanté.

Dos años después de leer ese post yo también lo hice. No creo que de no haber topado con esas historietas me hubiera picado la curiosidad porque en mi entorno, correr es de cobardes. Y nadar, ir en bici y correr ya es de puros psicópatas. Por eso agradezco haber encontrado tu blog.

Gracias por escribirlo 😉