5 Cosas que amo y 5 cosas que odio de Suiza

La verdad es que nunca he escrito uno de estos posts comerciales con listas que pueden encontrarse en muchos blogs (bueno, escribí uno sobre lugares donde aprender francés en Ginebra, pero creo que no es lo mismo…) y me he dicho: ¿Por qué no? ¿Quién me impide ser mainstream? ¡Nadie! Así que allá vamos:

5 cosas que amo de Suiza

1. El transporte público: ¿Cómo es posible que el bus llegue exactamente a la hora que pone en el cartel de la parada? En Chiclana quise coger un bus para ir a un centro comercial que pasaba supuestamente cada 30′ (a las horas punta y a las y media). Pues llegué a las 5,25 y el de las 5,30 ya se había ido… Bueno, Chiclana es un caso extremo, pero cuando voy a Sevilla y veo que en la parada del bus pone que pasará en 16 minutos los ojos se me dan la vuelta! Que pase el tranvía cada 3 minutos en hora punta es un lujo, más aún para dormilonas como yo.

2. El mercado laboral: No nos engañemos: el que viene de España a trabajar en Suiza no ha visto tantos ceros en su nómina en la vida. Me hace gracia que en los grupos de Facebook, en las reuniones familiares o cuando alguien viene de visita, otros españoles intenten justificar esta realidad explicando que, aunque los salarios sean más elevados, también lo es el coste de la vida, y al final te quedas igual, o como dicen en mi tierra, “lo comío por lo servío“, como si les diera vergüenza admitir que su salario es elevado y para evitar agravio comparativo. Sí y no. Es cierto que un alquiler cuesta el doble o el triple que en España, al igual que la ropa, la comida o los servicios. Pero en mi propia experiencia, compensa con creces: si fuera equivalente, no podríamos ahorrar, y entonces estaríamos haciendo el canelo 🙂

3. El plurilingüismo: El suizo medio habla entre 2 y 3 idiomas, y por mi experiencia, los extranjeros viviendo en Suiza más o menos igual: si vienes de un tercer país, normalmente hablas tu lengua materna, la del cantón donde vives, y algo de inglés. Eso si eres alguien con curiosidad e interés por integrarte. También he conocido personas trabajando 20 años en una multinacional (en inglés) y sin hablar ni papa de francés… lo cual me parece una pena. Para mí es una oportunidad de poder practicar constantemente los idiomas que he aprendido, lo cual me llena de orgullo y satisfacción.

4. La situación geográfica: Estar en el centro de Europa tiene una ventaja: muchos sitios están cerquita! En una hora de avión estás en París tan ricamente, y si me da la morriña, en 2h40m estoy en Sevilla. Puede parecer muy lejos, pero cuando has vivido a 9h de diferencia horaria y 12.000km de casa, esto es pecata minuta. Hechos: Mi hermano vive en Barcelona y yo voy a Cádiz bastante más a menudo que él. No es cuestión de distancia sino de organización… y voluntad 😛

5. El civismo: Es agradable que un chaval de 14 años te pregunte educadamente por la calle si tienes hora, que la gente espere ordenadamente las colas, que las calles estén limpias -en Ginebra no tanto-, en definitiva, respirar ese orden general por el cual las cosas, normalmente, funcionan bastante bien. Aquí un email de un ente público tipo “info@ayuntamientodemipueblo.com” TE RESPONDE, y oyes, eso mola.

Los más avispados habrán notado que no he mencionado ni el queso ni el chocolate: sí, me encantan, pero en este mundo globalizado puedes comer el mismo queso y el mismo chocolate suizo en Utrera sin despeinarte.

5 cosas que odio de Suiza

1. Los horarios: Vivo en un Jet lag continuo. Es imposible adaptarme a los horarios, y no es por que no lo intente, es que no puedorl! Mis compañeros van a comer a las 11.50-12.00; Señores, yo a esa hora tengo la tostada todavía en camino. Que sí, que si me hubiera despertado como ellos a las 6 de la mañana y hubiera desayunado entonces, tendría hambre. Pero QUÉ SE ME HA PERDIDO A MÍ A LAS 6 DE LA MAÑANA, si al trabajo puedo llegar desde las 7 hasta las 9! Evidentemente, llego a las 9:00, y me voy a las 18:00. De hecho, soy tan poco “mañanera” que hasta las 10 yo noto que mi cuerpo no responde a los estímulos como debería, y a las 17:45 estoy totalmente on fire. Cuando llega el fin de semana, si me despierto a las 11, el día ya va por la mitad para los Suizos… y es que aquí da la impresión de que los días son más cortos: a las 8 de la tarde parece que sean las 22h. Si quiero aprovechar bien el día, tengo que concienciarme de que hay que madrugar. Y eso para mí, en finde, es pecado!

2. Los horarios (II): Por favor: ¿PODRÍAN ABRIR LAS TIENDAS HASTA MÁS ALLÁ DE LAS 18H los sábados? Que sí, que es por la conciliación de la vida familiar y laboral que los suizos se empeñan en tener horarios comerciales más bien restringidos en general, con contados casos de domingos en que abren… pero… en serio… tan malo sería? Pasar de lo radical de supermercados abiertos 24h en Los Ángeles a que llegue aquí la hora Heidi a las 6 de la tarde, es un shock. Cuando voy a España y me dan las 22h en El Corte Inglés me siento aventurera de la vida.

3. La falta de espontaneidad: Cuenta la leyenda que hubo un suizo que una vez, hizo algo sin haberlo planificado un mes antes. Al despertarse al día siguiente, un rayo divino le fulminó, y por el miedo a ese ente divino, la agenda es el best seller de las librerías, y el Google Calendar la app del milenio. A una amiga española le invitaron el otro día a un cumpleaños que se celebrará en JUNIO. ¿Perdona? Quizás en Junio ya ni te hable, quizá me haya ido del país, o no me apetezca ir, o me haya tocado la lotería y esté en la Riviera Maya. Imaginad el estrés de esta misma chica cuando los invitados a su boda le decían que a ver cuándo enviaba las invitaciones, que ya faltaban 9 meses y aún no las había enviado…

4. Los vecinos: Pueden ser muy pejigueras. Su tolerancia al ruido es de 1dB, y aunque en nuestro apartamento actual no hemos tenido muchos problemas, aún no he superado mi trauma con la loca del wifi, que me enviaba sms diciendo: “¿Puedes caminar más ligeramente?”. “Tu maromo habla muy alto”.

5. La sensación de ciudad “a medio gas”: Hay pocas cosas más deprimentes que pasear por Ginebra un domingo de Enero, no hay ni el tato: bares cerrados, tiendas cerradas, la gente en sus casas o como mucho en algún parque (si no te hielas). Comparada con la plaza del Salvador a las 13:00, es para pegarse un tiro. Aquí tienes que apañarte para quedar con la gente en casa de alguien, o buscar alguna actividad que te guste para no morir de aburrimiento. En España, con salir a la calle, el buen tiempo (más la sí-espontaneidad) anima a juntarse en algún sitio exterior a tomar un café o una cervecilla mucho más fácilmente.

Voilà mi lista de 5 cosas que amo y 5 cosas que odio de vivir en Suiza.

¿Cuáles son las tuyas?

Feliz semana!

Buscar un piso en Ginebra

Aprovecho para escribir mientras me pongo en modo inmobiliaria para recibir visitas de futuros víctimas inquilinos de “la loca del wifi”. Sí amigos, maromo consiguió trabajo de lo suyo (empieza en septiembre, yey!), hemos conseguido encontrar otro apartamento, y si todo sale bien, por fin podré dormir tranquila sin pensar en que quizás con mi respiración estoy molestando a alguien en este remanso de pejigueras paz.

Encontrar un apartamento en Suiza -y me atrevería a decir que en Ginebra en particular- no es cosa fácil, mucha demanda, poca oferta, y la mafia de las Régies (Inmobiliarias), que poseen la mayor parte de los inmuebles y con las que hay que lidiar.

Para conseguir alquilar algo, normalmente tienes que visitar el sitio y entregar:

  • Tus tres últimas nóminas
  • Un certificado de no tener deudas en Suiza
  • Tu permiso de trabajo o pasaporte Suizo

Si ya vives aquí y trabajas*, tendrás esos documentos, y normalmente la Régie calculará que el alquiler no supera un 25-30% de tu salario bruto para considerarte como candidato, por lo que dos sueldos mejor que uno, claramente.

 

Para nosotros era importante encontrar algo con al menos una habitación más (Estamos en un estudio ahora mismo) y en una zona con mejor comunicación, ya que desde aquí al trabajo de Maromo son 40 min. Vimos 3 apartamentos y entregamos 3 dossiers con todos los documentos, y voilà, a la tercera va la vencida! En octubre nos mudamos! Aunque siempre hay pros y contras, el poder tener un salón para invitar a gente (y que no se tengan que sentar en… la cama?) va a ser un gran cambio (esto en España suena a coña, pero es que no me podía permitir un piso más grande yo sola!!!).

El tema es que para poder dejar nuestro apartamento actual, como no hemos avisado con 3 meses de antelación, tenemos que buscar a alguien que se quede con el piso y que le mole a la loca, así que he publicado anuncios en internet y tengo algunas visitas ahora. Luego me toca recopilar los dossier y entregarlos para que la buena señora, decida.

¿Por qué todo es tan complicado en este país? ¿Alguien en otra zona de Suiza que haya tenido experiencias distintas?

*Si es la primera vez que buscas casa en Suiza, no tendrás nada de eso, así que las alternativas son:

  • Subalquilar un apartamento (es legal aquí y mucha gente lo hace por períodos más o menos largos para no soltar el apartamento pero ahorrarse unas pelas si no van a estar aquí). Te piden menos papeles ya que se trata de alquilarle a un inquilino.
  • Tirar de AirBnB, hostales o similares, claro que mucho más caro.
  • Si tu permiso de trabajo lo permite, alquilar algo temporalmente en Francia vecina.

Cartas desde el piso de abajo

Quizás hayas leído el post en el que presenté a mi querida casera, a.k.a. La Loca del Wifi. Es un buen antecedente para este nuevo episodio de encuentros en la tercera fase Suiza.

Volvía yo, jovial y glamurosa tras una jornada de trabajo en Disneywork -todo lo jovial que se puede volver apretujada en el tram 12 a las 6 de la tarde, y todo lo glamurosa después de que el aroma del interior del mismo fuera más bien a choto-, cuando, tras mirar en el buzón y encontrar una carta, compruebo con estupor que la dirección del remitente es idéntica a la del destinatario (moi), y que para más inri, se encuentra franqueada y entregada por nuestros amigos de La Poste.

Cartas desde tu propia casa. Inquietante.

Evidentemente, tal contrasentido solo podía provenir de mi querida Loca del Wifi, que pasaba ahora a un estatus superior, siendo capaz de escribir e imprimir una carta (no era manuscrita), llevarla a la oficina de correos, ponerle el sello más barato de Suiza (por 85 céntimos envías una carta que tarda unos 3-5 días, pero por 1 franco llega al día siguiente), y enviármela a mí, que vivo en el piso de arriba. A mí, a la que manda sms cuando mi susurro supera los 5dB, y con quien se comunicaba por e-mail cuando firmamos el contrato.

“No límites mis formas de expresión”

¿Se habrá vuelto (semi) Amish? Digo semi, porque llegó a abrir el word, escribir la carta e imprimirla. Tendría algún tipo de justificación lógica si fuera como mi ex ex ex ex ex ex casero, el señor Antonio de Espartinas, que nos comunicaba a mis compañeras de piso y a mí cualquier buena nueva por correo postal, y aunque le llamáramos, el hombre se aturrullaba (era mayor y de pueblo) y la cosa no se hacía “oficial” hasta que no había carta de por medio. Hablo de misivas como esta:

Reina Mercedes, Sevilla, 12 de Marzo de 2004
Estimado Antonio,

Por la presente le comunicamos la avería recurrente de la lavadora. Debido a la persistencia de la misma, nos vimos obligadas a llamar al técnico pertinente, que se sorprendió de que siendo un modelo tan antiguo, siguiera aún con vida, a pesar de que usted afirma que la misma está casi nueva. Quizás debiéramos revisar el concepto “nuevo”, ya que en el marco de una existencia dilatada como la suya, el hecho de que la lavadora tenga 20 años pueda ciertamente calificarse como nueva, mientras que para nosotras, estudiantes de 3º de carrera y con 21 años, es de hecho el 98% de nuestra vida, lo cual nos impide considerarla “nueva”. […]

Sin embargo, no puedo considerar que mi compi yogui la casera juegue en esta liga, ya que me ha enviado e-mails con anterioridad. Entonces, ¿Por qué enviarme una carta postal por correo no certificado, pudiendo incluso depositar la misma sin franquear en mi buzón, situado a 34,5 mm exactamente del suyo? Hm. Veamos el contenido de la carta.

En efecto, la carta, en un inglés B1 sin florituras, venía a decir:

Hola,

Está la cosa tomatosa, y el consumo de calefacción ha subido, así que a ti te toca pagar 30 francos más al mes.

Ciao Bacalao,

Atentamente,

La Loca

Ahhhhh, acabáramos! Que es para pedir pasta sin ningún tipo de justificación! Ahí comienza a cobrar sentido el enrevesado canal comunicativo, para ver si cuela, o algo. Una nota sin ningún tipo de cálculo donde ponga cuánto he gastado de más, o cómo se reparte la factura de la calefacción entre todos, ni nada.

Y aquí entra en juego una respuesta de nivel cultura Suiza B2 (nivel que me auto-atribuyo tras unos dos años de análisis helvético por mi parte), que es contestar, educadamente, que le voy a pagar eso sin justificación cuando Heidi cante reaggeton, citando artículos de la ley de arrendamientos y a la asociación de defensores de los derechos del inquilino.

Por supuesto, en una carta a la que puse un sello de 85 céntimos y deposité en el buzón más lejano que me fue posible.

Hasta la próxima 🙂

¡Tengo trabajo! (Yeah)

El miércoles pasado, a las 16:39, sonó el teléfono para darme la buena noticia: ¡Me han seleccionado y empiezo a trabajar en una semana! Como estaba sola en casa, tuve que pegar botes y bailar rollo Príncipe de Bel Air yo sola, importándome un auténtico bledo la pesada de la vecina de abajo.

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No me lo podía creer, estaba flipando en colorines! Después de un período de unos 2 meses y medio donde no había conseguido ninguna entrevista, de repente aparecieron dos, en empresas estupendas, y en puestos chachis, la misma semana. La cosa parecía avanzar, y aunque siempre tienes esa ilusión de que alguno de los dos será tuyo, tampoco me quería flipar porque luego se queda una con un palmo de narices cuando te dicen: Sentimos mucho desestimar su candidatura, dado que hemos encontrado un candidato que además hablaba chino cantonés sin acento y bailaba el waka waka de shakira mientras cuadraba un balance.

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Para este puesto en concreto han sido 3 entrevistas y un test de personalidad de estos oscuros de RRHH. No quiero ofender a ningún profesional de los Recursos Humanos, pero a mí muchas de sus actitudes con respecto a los candidatos no me parecen para nada humanas. (No es este el caso, pero en experiencias anteriores sí que me he encontrado al típico de RRHH al lado en la entrevista, apuntando cosas muy en secretito y analizándote psíquicamente. ¿Cómo quieres que esté tranquila así, maremía?)

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El caso es que pasé todas las pruebas y estoy súper ilusionada con empezar el miércoles. La jefa parece una persona encantadora por lo que llevo visto, y los compañeros a los que conocí (3 de unos 9 que son en el equipo) también. Para mí es también una tranquilidad el saber que tomé la decisión correcta cuando decidí no volver a España con las orejas gachas siguiendo a mi jefe, y arriesgarme a intentarlo aquí. Además estoy especialmente contenta por haber conseguido:

  • Encontrar el trabajo por el cauce de procesos de selección “normal” (antes había sido o por contactos o porque se trataba de algún proceso oficial tipo mini oposición).
  • La experiencia en una empresa 0% española y sin ningún vínculo con la piel de toro. No por ningún tipo de animadversión por mi país, sino por la superación personal de saber que puedo competir con personas de otros países en su terreno.
  • Saber que voy a trabajar en francés y en inglés (yeah!)
  • Haber pasado de una empresa donde el avance tecnológico significaba:“Benito y Manolo se instalan el Office 2000” a una empresa de 26.000 personas donde espero que los procesos estén más profesionalizados. (Esto, a comprobar, pero nada puede ser peor que manejar una empresa de 500 personas con un excel, jajaja)

Por todo ello estoy súper contenta de tener esta oportunidad, y ahora es mi turno para demostrar que no se equivocaron! Feliz fin de semana a tod@s y que os pasen también muchas cosas buenas! 🙂

Coche inmigrante, peligro andante

Aviso de que escribo este post en un momento de furia interna y externa hacia los trabajadores del Servicio de Automóviles del Cantón de Ginebra. Les deseo un picor de ojete extremo que les imposibilite la concentración en cualquier tarea durante al menos, dos horas. Pienso que es uno de los castigos inocuos más molestos que pueden existir. Práctico, inocuo, y molesto. 3 en 1.

Este sentimiento proviene del hecho del pejiguerismo al que me estoy enfrentando a la hora de legalizar mi pequeño coche en este también pequeño país helvético.

Traer un vehículo propio de España tiene varios pasos aquí*:

  1. Importarlo: Como Suiza no forma parte de la UE, es necesario legalizar la situación con respecto a la aduana. Al traerlo como “efecto de mudanza”, este coste es de sólo CHF 20 y luego tengo hasta un año desde que llegué al país para matricularlo en Suiza. Esto fue relativamente fácil y solo cuestión de llevar muchos papeles.
  2. Matricularlo en Suiza: Aquí empieza lo bueno. Para poderlo matricular, el coche debe cumplir con la legislación vigente con respecto a emisiones, características técnicas, etc. En resumen he necesitado:
    1. Buscar un seguro suizo que se comprometa a asegurarme. Check.
    2. Sacar el “carnet antipollution”, tras visitas a distintos talleres y tratar con el señor más desagradable de los talleres mundiales en francés de lepe. Check.
    3. Pasar la visita técnica (como la ITV). Error. Aquí me he quedado hoy.
    4. Pagar las nuevas placas.
    5. Darlo de baja en España (Esto da para otro post).

¿Y por qué no ha pasado mi pequeña voiture la puñetera visite technique? ¿Acaso un peligroso estado de los neumáticos? ¿Peligro de muerte por llevar un Elvis de cabeza balanceadora en la bandeja trasera? ¿Algún CD de Camela en su interior? ¿Tapicería de Leopardo?

No. Es que tiene sucio de grasa el chasis y el motor, y así el pobre hombre se mancha y no ve bien el estado del mismo. Tócate los santos ovarios. Ahora un mecánico necesita tener el motor de un coche más limpio que la encimera de casa (yo limpié por encima lo que vi con un cepillo, pero vamos, que los coches tienen grasa por defecto y la ITV la pasó).

Eso y que un taller debe medir el desgaste de los discos de freno y decirme si debo cambiarlos. ¡¡¡¡Pues mídelo tú y me dices si los tengo que cambiar, que pa eso me has cobrado CHF 200 por la genial visita técnica!!!!

Me cabreo porque me parece una pijada y ganas de sangrarme más pasta por un coche que está perfecto, tiene 5 años de uso, no es una tartana peligrosa de 20 años ni vengo del Congo con un jeep de safari (con mis respetos a los Jeeps congoleños, pero es que el polvo de la sabana seguramente obstruya cosas).

post

Así que lo he dejado en un taller donde limpiarán con esmero y amor el motor para deleite de mi hamijo el señor de bata blanca del Servicio de Automóviles por unos CHF 100 de nada. Espero ver reflejado mi rostro en la tapa del motor.

*Luego están los que viven en Suiza 5 años, o 10, o 20, y dejan el coche con la matrícula de Eslovenia y se quedan tan panchos (true story). Todo esto por ser legal.

Actividades

Como casi todo el mundo, me agobio y me quejo cuando tengo mucho que hacer… Pero cuando tengo poco que hacer, es aún peor! La búsqueda de empleo no lleva ocho horas al día (ni es eficiente tampoco), así que realmente puedo aprovechar el tiempo que tengo para hacer también cosas que me gustan y que no puedo hacer cuando estoy trabajando al 100%. Cuidarme más, y relajarme sin agobios ya que tengo bastante tiempo para retomar el tren del trabajo.

Mis prioridades son:

  • Francés: Empiezo la semana que viene otro curso, y he conseguido un par de personas para tándem (español/francés o inglés/francés).
  • Deporte: Me he reapuntado a la piscina del barrio, y poco a poco voy retomándolo a pesar de que el tiempo no invite mucho a ir a remojarse (pero es que aún menos invita a correr o estar al aire libre, glups)
  • Comida equilibrada y probar cosas nuevas: Empecé la dieta que sigo con relativo éxito (salvo un día en que me dio un ataque de pan y otro en que sufrí la llamada de las galletas de dinosaurios de la alacena*, me estoy portando bastante bien). He aprendido a hacer sushi con este tutorial de mi amada isasaweis (me cae genial esta chica), y además de ser muy entretenido, no es complicado! (y me ahorro lo caro que es el sushi en cualquier supermercado o restaurante, cómo se pasan).
  • Hacer actividades nuevas/conocer más gente: Es hora de salir de la zona de confort (por quincuagésima vez) y apuntarme a nuevas actividades o grupos que me interesen. El otro día fui a un evento de idiomas de glocals.com y estuvo entretenido, la verdad. Para mí es importante, primero porque es sano y me siento realmente mucho mejor después de estar un rato con gente y charlar, y luego para no darle tanto la brasa a Maromo, que se ha buscado sus aficiones aquí sorprendentemente bien, y yo debo hacer lo propio para que cada uno tengamos nuestros intereses.
  • Planear viajes: Antes de que sean muy caros o ya no tenga tiempo para hacerlos. Me gustaría enseñar Berlín a Maromo (además allí tengo casa de una amiga) o ir a Holanda, que me llama mucho. A casa no pienso volver hasta que mi madre termine la reforma de mi habitación y la cocina.

En otro orden de cosas, al cambiar mi permiso de conducir español por el suizo, tuve que ir a una revisión de la vista en una óptica. Era algo que yo entendía rutinario, y que no me preocupaba porque siempre he visto muy bien -y el oculista me lo decía-. El problema empezó cuando el señor de la óptica me tapó un ojo y me dijo, “¿Dónde está el punto?” a lo que contesté “¿Qué punto?”. Juro por el Matterhorn que no veía un carallo, y es que resulta que tengo miopía en el ojo derecho (no mucho, y globalmente veo bien gracias a mi ojo izquierdo, que sigue siendo súper-ojo), pero me indicó este buen señor que lo suyo era hacerse un chequeo y ponerme gafas… Así que tras aguantar los años de carrera frente al Autocad viendo como los demás empezaban con gafas y yo no… me ha llegado la hora. Mañana voy al oculista (En Francia of course, cualquiera paga un oftalmólogo suizo), y habrá que escoger mi look gafil.

Se despide cuatro ojos! XD

*Estas son las galletas de dinosaurios que mi madre metió de contrabando en el coche al salir de España. Son adictivas!

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La bienvenida a los nuevos habitantes de Ginebra

El otro día estuve con Maromo en un acto de bienvenida a los nuevos habitantes de la Ville de Genève. Hubo un discurso de la alcaldesa, testimonios de un par de personas que llegaron hacía más de 20 años a la ciudad, una actuación de un grupo de música, un simpático photocall donde podías hacerte una foto con un cartel de bienvenida en muchos idiomas, y varios stands de información sobre los servicios de la Ville de Genève.

 

La alcaldesa de Ginebra y sus coleguitas

 

Nos dieron también información sobre las actividades culturales, deportivas, nos regalaron guías de viaje, mapas, libros de cultura general Suiza (uno sobre instituciones políticas Suizas y otro sobre lo mismo, a nivel cantonal).

Me pareció un acto muy útil y entretenido, que sirve realmente para integrar mejor a los nuevos inmigrantes del cantón. Según comentaba la alcaldesa, el 49% de los habitantes de la ciudad son extranjeros, ¡una pasada! Muy diferente al ambiente de mi pueblo gaditano…

La primera vez que hablé con un extranjero, fue en el colegio, en 3º de E.G.B., cuando llegó a la clase un extraño pelirrojo lleno de pecas que en el primer dictado escribió: “Las otcho provinsias de Andalusia son: Welva, Cadis….”. Era de Colorado, y tenía cara de Mickey Mouse. El pobre no hablaba ni papa de Español, y al principio nadie de la clase interactuaba con él, salvo la maestra de inglés, que lo usaba para los dictados. Me acuerdo que un día me dije “algo le tengo que decir a este” y estuve súper concentrada pensando una frase para preguntarle. Al final, un poco de sopetón, le di en el hombro y le dije: “How many brothers or sisters have you got?”, con el sudor cayéndome del esfuerzo. Y es que en mis tiempos, ese fue el año en que empezábamos a estudiar inglés, con 8 años, así que llevaríamos como dos semanas de clase. Me contestó “one brother”, y siguió hablando, pero ya no le entendí, jajajaja.

Yo creo que por ahí sería cuando me entró el gusanillo de aprender otro idioma y poder entender a otros seres guiris como mi compi y también descifrar lo que decían las canciones que escuchaba -me sabía toda la banda sonora de Grease pero tipo “aguachuuuuu, güonchufladerrrrr”, lo mismo hablaba de la guerra de sexos o del ornitorrinco peludo, que yo no entendía ná de ná-. La verdad es que leyendo letras de canciones e intentando descifrarlas, se aprende bastante.

En fin, ese alto porcentaje de extranjeros en Ginebra explica también la tirria que algunos de los Ginebrinos de toda la vida -que alguno habrá-, nos tienen a los extranjeros. Supongo que en algún sentido lo vivirán como una invasión, no sé. Aquí se vive en paz generalmente, pero en los comentarios de Facebook de periódicos locales siempre hay comentarios bastante racistas o despectivos hacia los extranjeros y hacia los frontaliers (gente que vive en Francia pero trabaja en Suiza), lo cual me parece un poco hipócrita, pero creo que eso será tema de otro post 😉