No holidays here

Este es el primer verano que no tengo vacaciones. No se me hace muy pesado porque me gusta mi trabajo y la ciudad en verano es bastante agradable (no echo nada de menos los veranos sevillanos/cordobeses a 47º ni el verano gaditano con el pueblo saturado de turistas a más no poder), así que realmente el tiempo pasa rápido y voy encontrando cosas que hacer. Lo que es curioso es ir viendo cómo los demás sí se van de vacaciones, y lo que les cuesta volver.

En el trabajo he estado sustituyendo a compañeros que se han ido, así que tenía que hacer su trabajo y el mío, y aunque alguna semana me he quedado un rato más para llegar a ponerme al día, lo he llevado bien. Mi contrato es aún temporal (hasta enero), pero visto que la persona a la que sustituyo dejó la empresa, tengo la esperanza de quedarme más tiempo. Mi jefa (a la que amo oficialmente) me ha comentado varias veces que está muy contenta con mi trabajo y con lo rápido que he asimilado todo, así que por ella no será…

Mientras, mi querida casera y sus curiosas maneras de comunicarse también me han tenido entretenida. Estoy deseando encontrar otro piso y perderla de vista, porque esta mujer de verdad que está para hacérselo mirar, y bien. Miramos anuncios de vez en cuando, pero lo cierto es que para mudarnos, con la que hay que liar, nos tiene que gustar mucho el sitio y tiene que entrar en nuestro presupuesto. Maromo empieza a trabajar en septiembre (yeah! es un auténtico campeón), así que tendremos más posibilidades con 2 sueldos.

Mi mini vacación consistirá en un finde en Ámsterdam dentro de un par de semanas. Tenía ganas desde hacía mucho tiempo de conocer Holanda, y gracias a una oferta de Easyjet con horarios adecuados para el finde (cosa rara) podremos conocer la tierra de Van Gogh.

La semana pasada fue puente por el día de la fiesta nacional, 1 de Agosto. Como Maromo estaba en España de vacaciones y no quería quedarme sin hacer nada especial, fui con mi mejor amigo y su familia a conocer el departamento francés de Ardèche, a unas 5 horas de coche de aquí. Fue, sin lugar a dudas, una experiencia… que dudo que repita. El grupo en cuestión éramos mi amigo, su novia, su hija de apenas 2 años, y la hermana de 14 años del matrimonio anterior de ella. Sounds like a plan. La cosa empezó bien, pero la verdad es que es agotador llevarle el ritmo a una familia que no es la tuya, y que ahora mismo tiene frentes abiertos a nivel Dora Exploradora y Justin Bieber. Las niñas eran un encanto, pero ellos perdían la paciencia cada 10 minutos y echaban broncas a diestro y siniestro. Se daba el fenómeno de cabreos encadenados -bebé cabrea a madre, madre paga con adolescente, adolescente paga con padrastro, y ya sólo quedaba yo, que era la suiza neutral-, que me tenían en un estado de pseudo tensión todo el día.

Al final, a pesar de que les quiero mucho, acabé la escapada más cansada que cuando me fui. La zona es preciosa y con mucho para disfrutar, pero ni pude hacer la actividad estrella (descender el río Ardèche en kayak), ni pude ser muy proactiva en los planes, porque ellos mandaban. Me gustaría volver con Maromo para ir más a nuestro ritmo.

Me ha salido un post un poco de cualquier manera, pero al menos manifiesto que sigo viva y coleando.

Hasta pronto!

Cartas desde el piso de abajo

Quizás hayas leído el post en el que presenté a mi querida casera, a.k.a. La Loca del Wifi. Es un buen antecedente para este nuevo episodio de encuentros en la tercera fase Suiza.

Volvía yo, jovial y glamurosa tras una jornada de trabajo en Disneywork -todo lo jovial que se puede volver apretujada en el tram 12 a las 6 de la tarde, y todo lo glamurosa después de que el aroma del interior del mismo fuera más bien a choto-, cuando, tras mirar en el buzón y encontrar una carta, compruebo con estupor que la dirección del remitente es idéntica a la del destinatario (moi), y que para más inri, se encuentra franqueada y entregada por nuestros amigos de La Poste.

Cartas desde tu propia casa. Inquietante.

Evidentemente, tal contrasentido solo podía provenir de mi querida Loca del Wifi, que pasaba ahora a un estatus superior, siendo capaz de escribir e imprimir una carta (no era manuscrita), llevarla a la oficina de correos, ponerle el sello más barato de Suiza (por 85 céntimos envías una carta que tarda unos 3-5 días, pero por 1 franco llega al día siguiente), y enviármela a mí, que vivo en el piso de arriba. A mí, a la que manda sms cuando mi susurro supera los 5dB, y con quien se comunicaba por e-mail cuando firmamos el contrato.

“No límites mis formas de expresión”

¿Se habrá vuelto (semi) Amish? Digo semi, porque llegó a abrir el word, escribir la carta e imprimirla. Tendría algún tipo de justificación lógica si fuera como mi ex ex ex ex ex ex casero, el señor Antonio de Espartinas, que nos comunicaba a mis compañeras de piso y a mí cualquier buena nueva por correo postal, y aunque le llamáramos, el hombre se aturrullaba (era mayor y de pueblo) y la cosa no se hacía “oficial” hasta que no había carta de por medio. Hablo de misivas como esta:

Reina Mercedes, Sevilla, 12 de Marzo de 2004
Estimado Antonio,

Por la presente le comunicamos la avería recurrente de la lavadora. Debido a la persistencia de la misma, nos vimos obligadas a llamar al técnico pertinente, que se sorprendió de que siendo un modelo tan antiguo, siguiera aún con vida, a pesar de que usted afirma que la misma está casi nueva. Quizás debiéramos revisar el concepto “nuevo”, ya que en el marco de una existencia dilatada como la suya, el hecho de que la lavadora tenga 20 años pueda ciertamente calificarse como nueva, mientras que para nosotras, estudiantes de 3º de carrera y con 21 años, es de hecho el 98% de nuestra vida, lo cual nos impide considerarla “nueva”. […]

Sin embargo, no puedo considerar que mi compi yogui la casera juegue en esta liga, ya que me ha enviado e-mails con anterioridad. Entonces, ¿Por qué enviarme una carta postal por correo no certificado, pudiendo incluso depositar la misma sin franquear en mi buzón, situado a 34,5 mm exactamente del suyo? Hm. Veamos el contenido de la carta.

En efecto, la carta, en un inglés B1 sin florituras, venía a decir:

Hola,

Está la cosa tomatosa, y el consumo de calefacción ha subido, así que a ti te toca pagar 30 francos más al mes.

Ciao Bacalao,

Atentamente,

La Loca

Ahhhhh, acabáramos! Que es para pedir pasta sin ningún tipo de justificación! Ahí comienza a cobrar sentido el enrevesado canal comunicativo, para ver si cuela, o algo. Una nota sin ningún tipo de cálculo donde ponga cuánto he gastado de más, o cómo se reparte la factura de la calefacción entre todos, ni nada.

Y aquí entra en juego una respuesta de nivel cultura Suiza B2 (nivel que me auto-atribuyo tras unos dos años de análisis helvético por mi parte), que es contestar, educadamente, que le voy a pagar eso sin justificación cuando Heidi cante reaggeton, citando artículos de la ley de arrendamientos y a la asociación de defensores de los derechos del inquilino.

Por supuesto, en una carta a la que puse un sello de 85 céntimos y deposité en el buzón más lejano que me fue posible.

Hasta la próxima 🙂

Disneywork

Llevo apenas dos semanas en el nuevo trabajo, y estoy flipando. Lo flipo por cómo un lugar a donde voy a trabajar pueda ser así, y porque el resto de los trabajadores parezcan tan acostumbrados a ello y vayan tan tranquilos por la vida. Cómo se nota que muchos de ellos no han sido ni meta-becarios (a.k.a., el becario del becario, true story), ni mileuristas, nadie les ha susurrado la palabra “fugoneta” al oído o les ha dicho “Qué pronto te vas hoy del curro, no?” a las 19.45 de un martes cualquiera.

El caso es que trabajo en un edificio salido de la guerra de las galaxias, donde hay dos puntos nespresso de aproximadamente el doble del tamaño de mi cocina en cada planta para echarte ahí los cafeles y téseles que quieras. Hay un gimnasio, una guardería, un restaurante panorámico con un stand de sushi y… una “sala zen”, con unas cabinas donde te metes, te programas una siestecita y aquello te pone musiquita y te da masajes.

EXPERIENCE

Desde el primer día, mis impulsos más primarios me pedían hacerle fotos a todo para enseñárselo a mis amigos y a mi familia, pero me he contenido para no ser yo ahora la cateta a babor del lugar. Así que las haré a escondidas.

Huelga decir que mi primer día, en mi puesto de trabajo, ya había un cartel de cristal con mi nombre y un señor australiano con chaqueta y corbata me estaba esperando para configurarme el pc. Creo que estuve a punto de llorar más veces ese día que viendo E.T.

Tengo la sensación de haberme colado allí. Aunque el trabajo en sí no vaya a ser un reto intelectual supremo (estoy aprendiendo los procedimientos aún y parece bastante asequible), es un gustazo trabajar en ese ambiente, con horarios flexibles, todo mega-pensado (nivel: el escritorio tiene un motorcito para subirlo y bajarlo por si quieres alternar el trabajar de pie o sentado), y nada que ver con ningún sitio donde haya trabajado o donde haya estado.

Me hace pensar lo injusto que es que las casi 1000 personas que estamos allí tengamos estas ventajas, y que mi mejor amigo, con dos carreras y haciendo el doctorado en España, tenga que hacer malabarismos para superar el mileurismo, y dar encima las gracias por tener trabajo. En fin, una tampoco olvida de donde viene, pero eso me hace apreciarlo más.

Bonne nuit!

 

¡Tengo trabajo! (Yeah)

El miércoles pasado, a las 16:39, sonó el teléfono para darme la buena noticia: ¡Me han seleccionado y empiezo a trabajar en una semana! Como estaba sola en casa, tuve que pegar botes y bailar rollo Príncipe de Bel Air yo sola, importándome un auténtico bledo la pesada de la vecina de abajo.

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No me lo podía creer, estaba flipando en colorines! Después de un período de unos 2 meses y medio donde no había conseguido ninguna entrevista, de repente aparecieron dos, en empresas estupendas, y en puestos chachis, la misma semana. La cosa parecía avanzar, y aunque siempre tienes esa ilusión de que alguno de los dos será tuyo, tampoco me quería flipar porque luego se queda una con un palmo de narices cuando te dicen: Sentimos mucho desestimar su candidatura, dado que hemos encontrado un candidato que además hablaba chino cantonés sin acento y bailaba el waka waka de shakira mientras cuadraba un balance.

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Para este puesto en concreto han sido 3 entrevistas y un test de personalidad de estos oscuros de RRHH. No quiero ofender a ningún profesional de los Recursos Humanos, pero a mí muchas de sus actitudes con respecto a los candidatos no me parecen para nada humanas. (No es este el caso, pero en experiencias anteriores sí que me he encontrado al típico de RRHH al lado en la entrevista, apuntando cosas muy en secretito y analizándote psíquicamente. ¿Cómo quieres que esté tranquila así, maremía?)

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El caso es que pasé todas las pruebas y estoy súper ilusionada con empezar el miércoles. La jefa parece una persona encantadora por lo que llevo visto, y los compañeros a los que conocí (3 de unos 9 que son en el equipo) también. Para mí es también una tranquilidad el saber que tomé la decisión correcta cuando decidí no volver a España con las orejas gachas siguiendo a mi jefe, y arriesgarme a intentarlo aquí. Además estoy especialmente contenta por haber conseguido:

  • Encontrar el trabajo por el cauce de procesos de selección “normal” (antes había sido o por contactos o porque se trataba de algún proceso oficial tipo mini oposición).
  • La experiencia en una empresa 0% española y sin ningún vínculo con la piel de toro. No por ningún tipo de animadversión por mi país, sino por la superación personal de saber que puedo competir con personas de otros países en su terreno.
  • Saber que voy a trabajar en francés y en inglés (yeah!)
  • Haber pasado de una empresa donde el avance tecnológico significaba:“Benito y Manolo se instalan el Office 2000” a una empresa de 26.000 personas donde espero que los procesos estén más profesionalizados. (Esto, a comprobar, pero nada puede ser peor que manejar una empresa de 500 personas con un excel, jajaja)

Por todo ello estoy súper contenta de tener esta oportunidad, y ahora es mi turno para demostrar que no se equivocaron! Feliz fin de semana a tod@s y que os pasen también muchas cosas buenas! 🙂

Más vale tarde que nunca: Infinity dreams award

Escribo poco porque no creo que esto lo lea mucha gente, pero mira por donde la semana pasada me sorprendió un post de Verena donde me hacía referencia a través del “Infinity Dreams Award“, que suena muy fashion y es algo así como una cadena que viaja por los blogs para saber más acerca de sus bloggers y para conocer nuevos blogs. ¡Gracias por nombrarme! Yo también he descubierto nuevos blogs interesantes que cotillear 🙂

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Ahora me toca corresponder y continuar con “la cadena”. Primero se trata de contar 11 cosas sobre mi blog -o mi experiencia bloguera-, y luego nominar otros 11 blogs! No tengo tantos, así que haré lo que pueda!

11 cosas sobre Aliciaexpulsada:

  1. No me llamo Alicia en la vida real. (Gran decepción, lo sé XD)
  2. El nombre del blog viene de mi canción favorita de Bunbury, “Alicia expulsada al país de las maravillas”, y del doble significado de estar “expulsada/emigrada” de España. Aunque suena un poco fuerte, yo soy feliz en el extranjero, que conste! Podéis escuchar la canción en el apartado sobre mí.
  3. Mis comienzos cibernéticos llegaron con la creación de una web en html llamada “Smellycat” (Si has visto la serie Friends, sabes de lo que hablo), que hice con el FrontPage y que era una horterada. Todo de forma autodidacta, porque siempre me ha gustado experimentar con las tecnologías a mi alcance. Tendría como 15 años.
  4. Mi primer blog surgió cuando estaba de Erasmus en Italia hace 10 años. Al final lo cerré porque se llenó de Spam y no lo leía ni el tato.
  5. Tuve un blog con éxito semi relativo sobre superar una ruptura, que utilicé terapéuticamente durante un par de años, pero dejó de ser útil cuando la superé, así que… chapado! XD
  6. Los blogs anteriores eran anónimamente anónimos, y ni mi familia, ni amigos, sabían de su existencia. Eso permite contar cosas mucho más personales y conectar con la gente de otra forma. Sin embargo, con este blog ya no vi necesario tanto secretismo, y algunos amigos y Maromo lo conocen y lo leen (o eso dicen).
  7. Este blog tiene unas tristes 3.800 visitas.
  8. El día más popular fue el 19 de febrero de 2016, donde 100 personas entraron a ver el post de “Aprender francés en Ginebra“.
  9. La mayoría de visitas vienen de España, Suiza, y Francia.
  10. Me gustaría escribir algunos posts de “ayuda al emigrante” para quien lleve poco tiempo en Suiza y no sepa cómo empezar. Pero luego veo que hay blogs que ofrecen buena información al respecto… y se me pasa… jajaja!
  11. En mis tiempos mozos también escribía relatos e historias breves… ains qué tiempos aquellos…

Voilà! Ahora dejaré aquí una lista de mis blogs “nominados” para que los descubráis y para que, si quieren, continúen con este juego:

  1. Te llevo conmigo!
  2. Lifestraveller
  3. Living la vida en Suiza
  4. Emigrando ando
  5. Silvia Izquierdo

Es breve pero es que algunos blogs que sigo ya estaban nominados en otros sitios! 🙂

Hasta pronto!

 

El Alzheimer del viajero

Últimamente no hay viaje que haga en el que no tenga un micro infarto debido a despistes propios cual viajera del IMSERSO. Mi madre tiene la teoría de que como he viajado tanto y he usado tantos transportes, voy “demasiado” relajada y no en tensión como el que va a un aeropuerto la primera vez, y claro, me despisto y la voy liando. Creo que tiene razón.

Ayer me dejé la maleta de mano en el Mc Donalds de la T4 de Madrid y me di cuenta al lavarme las manos en el baño de la puerta de embarque. Sí señores, lo típico que oyes por megafonía “Se ha encontrado maleta olvidada” y piensas “hay que ser gilipollas, dado además el nivel de paranoia (tristemente justificada) que existe en los aeropuertos, como para que a alguien le pase“. Pues eh! Aquí estoy! (Icono de whatsapp que levanta la mano). Afortunadamente mi carrera-trote cochinero hacia el Mc Donalds (al principio, en sentido contrario, -gracias arquitectos de la t4 por hacerla tan anodina que una no sabe hacia dónde va-), me llevó a encontrar la maleta justo donde la dejé, así que sudando como un pollo, llegué a la puerta de embarque del siguiente vuelo con cara de pocos amigos y oliendo a choto.

Y creo que es bueno que me pare a reflexionar sobre este hecho, realizando el TOP 3 CAGADAS VIAJERAS, rollo los 40 principales, para ir in crescendo hacia la apoteosis final.

En el tercer puesto tenemos el bonito hecho de llegar a Madrid y no poder continuar el viaje hacia Andalucía. Está la vez en que los astros se alinearon y llegué de Suiza con tiempo a coger el último tren, cuando al “embarcar”, la chica de RENFE me dijo que mi billete estaba anulado y que hasta luego, morena. By the face. El sentimiento de impotencia fue máximo al ver el AVE de las 21.20 partir hacia Sevilla y a mí con cara de gilipollas sin tener alternativas y sin yo haber anulado nada. Esto no se resolvió aunque puse reclamaciones sin descanso, y debo decir que RENFE me estafó 75€ POR TODO EL JETO. 

  
Intenté alquilar un coche, pero dados los precios desorbitados, jugué la baza de que me aplicaran la tarifa de mi empresa y cuando coló y ya todo parecía resolverse… Tachán! No tenía el carnet de conducir encima y sin presentarlo, niente de coche! Bieeeeeen! (Tras esto, hubo unos 5 minutos en que lloré). Esto se resolvió cogiendo un autobús nocturno que me dejó en Córdoba a las 6 o 7 de la mañana y que fue una auténtica tortura.

En el segundo puesto está la vez en que dejé el coche en el aeropuerto de Ginebra en uno de estos servicios que te lo recogen, se lo llevan a aparcarlo en sus instalaciones (más barato que dejarlo en el parking del aeropuerto), y te lo traen cuando vuelves (lo que en USA llaman valet parking). Eran como las 5AM y mi ritmo circadiano empieza a las 10, si sirve como excusa. Lo genial fue que me dejé el móvil en el asiento del copiloto con todas las tarjetas de embarque. Me di cuenta al subir la escalera hacia el control, y tachán! Adrenalina que corre por mis venas y a correr para que no se hubieran llevado el coche. Llegué ahogada pero no había nadie cerca del coche y yo no tenía la llave. Subí, y resulta que el chico había ido a comprarse un café, vino y menos mal que me acompañó y me lo devolvió. Ohú.

Y por último el top maxi momento de cagadas viajeras fue el día en que llegué al aeropuerto de London City y al pasar el control escaneando el móvil, me dice “acceso no autorizado”, miro el billete y… mi vuelo salía de Heathrow, en la otra punta de Londres! (Nota mental: fijarse cuando una compra vuelos low cost y son en aeropuertos distintos de la misma ciudad). Aquí el infarto fue máximo. Tenía una hora y poco para la salida de mi vuelo y era prácticamente imposible que llegara.

 

magnitud de la cagada

 
La chica de la aerolínea simplemente se descojonó de mí y me dijo que ese día ya no había más vuelos a Suiza ni para venderme ni para cambiarme ni nada. Pregunté a un señor muy aburrido de los transportes londinenses si un taxi me salvaría, pero me dijo que sería peor y que lo único que podía intentar era correr en el transporte público. (Todo esto metiendo prisa y en milésimas de minuto). Así que voilà, corrí cual gacela por los metros de Londres con la maleta de mano en la ídem, empujando gente, preparándome en cada cambio de estación para ser la primera, sudando como un luchador de sumo, y llegué al aeropuerto a la hora en que abría el embarque de mi vuelo. Cola de seguridad infinita, así que solo se me ocurrió una cosa: gritar. Es bastante efectivo, la verdad. La gente me veía con la cara colorada, corriendo y sudando, así que dudo de si se apartaban por solidaridad o por simple asco. El caso es que yo, la loca que iba gritando “mi vuelo está saliendo! Por favor, déjenme pasar!” (Pero así en inglés con acento desesperado), llegué a la puerta cuando estaban diciendo “última llamada”, y la puerta del finger se cerró detrás de mí. Ohú doble.

La verdad es que simplemente poniendo un poco de atención no la hubiera liado tan parda, pero como paciente de este síndrome que te vuelve gilipollas a medida que pasas más tiempo en aeropuertos, me pondré recordatorios o algo…

Feliz resto de semana, que ya es jueves!

Multipotencialistas, o qué pasa cuando no tienes vocación

¿Qué quieres ser de mayor? Esta pregunta, que yo de pequeña contestaba aleatoriamente (artista de circo, médico, ingeniera, bombera…), sigue hoy día, para mí, sin respuesta.

Ayer estuve un rato curioseando charlas TED. Para quien no las conozca, son una estupenda manera de procastinar y entrar en un círculo vicioso de vídeos que tratan de todo tipo de temas: psicología, ciencia, sociedad, humor…

Viendo los títulos relacionados, me llamó la atención la charla de Emilie Wapnick: Why some of us don’t have a true calling (Por qué algunos no tenemos una auténtica vocación).

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Nunca he tenido la llamada de la arquitectura, de la música, o de las finanzas. Cuando hubo que elegir qué carrera universitaria escoger (sobre esto escribí hace mucho), me di cuenta de que no lo tenía nada claro. No había una materia concreta en la que yo destacara muy por encima de las demás, y al mismo tiempo, había varias cosas que se me daban bien, aunque no tuvieran que ver mucho entre ellas.

El hecho es que escogí estudiar arquitectura basándome no en una pulsión interna o pasión por un futuro a lo Rafael Moneo, sino porque en el panfleto de la escuela de arquitectura ponía que había una tasa de 0% de paro entre los arquitectos en España. Nota mental: No volver a fiarse de panfletos de ningún tipo.

Como visionaria, desde luego no tengo ningún futuro.

El caso es que viendo esta charla, me sentí muy identificada con el patrón que en ella se describe: Un día descubres algo nuevo (tocar un instrumento, aprender un idioma) y te interesas un montón. De hecho, te obsesionas un poco y quieres llegar hasta el fondo del asunto, te compras un libro, miras vídeos, te apuntas a un curso, etc. Estás casi seguro de que esto es lo tuyo.

La cosa se pone chachi hasta que llega un punto en que la actividad o el tema se vuelve aburrido. No es que llegues a dominarlo por completo, pero te has hecho una idea de cómo funciona, y de qué conllevaría (a nivel de esfuerzo, o de tiempo, o lo que sea) llegar a ser un especialista en ese tema concreto. Y lo abandonas.

Al tiempo, te da por otra cosa, y vuelta a empezar. Esta nueva cosa puede estar relacionada o no, con la anterior, y todo marcha de nuevo hasta ese famoso punto crítico. And so on.

A lo largo de mi vida he aprendido me ha dado por: tocar mediocremente dos instrumentos, hacer páginas web, programar java, aprender fotografía, estudiar arquitectura, aprender muchos programas (de diseño, de cálculo, yo qué sé), aprender idiomas (algunos mejor, otros peor), estudiar finanzas (fail), intentar ser deportista (fail), y un largo etcétera. No me considero especialista en ninguna de las facetas porque siempre hay quien se ha dedicado toda la vida a tocar el piano, y ahora da conciertos. Estas personas son especialistas, y ojalá yo fuera uno de ellos, porque, sinceramente, la vida es más fácil así.

El resultado de lo que la autora llama ser “multipotentialite” (Algo así como personas con múltiples potenciales), puede observarse en mi perfil: un recorrido desigual, con distintas experiencias, en distintos sitios, y aptitudes desarrolladas en materias dispares hasta cierto punto. El terror del profesional de recursos humanos, jajaja.

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Hasta ahora, había visto esto como una desventaja frente al poder haberme especializado en algo, pero es cierto que cuando estoy trabajando, o simplemente con la familia o amigos, me doy cuenta de la cantidad de cosas que puedo hacer, la de problemas que puedo resolver, gracias a que en algún momento me interesé por X, y aunque no hiciera el doctorado en X, esto me ha ayudado en Y. Así, en muchas cosas más. Es lo que se llama valer pa un roto y pa un descosío, pero meter esto en una charla TED creo que les hubiera quedado demasiado folklórico.

Y oye, que esto hace que los multipotencialistas tengamos 3 súper poderes, a saber:

  1. Capacidad de síntesis: Es más fácil ver “the big picture” cuando te has interesado tanto por Mario Bros como por el cultivo de la coliflor. Digamos que sintentizar teniendo nociones de varias materias es más fácil.
  2. Agilidad en el aprendizaje: Aunque parezca una tontería, también se aprende a aprender, y cuando has sido principiante tantas veces, no cuesta tanto serlo una más. He empezado muchas cosas de cero, y eso no me asusta.
  3. Adaptabilidad: Si mañana me tengo que mudar a Suecia (por una buena razón eh, no por un simple “no hay huevos“), podría hacerlo, y eso no me da miedo. Maldita sea, he matriculado coches en tres países en el idioma local, en Suecia no será tan diferente XD.

Así que creo que ser así, al fin y al cabo, no es tan malo. Mis felicitaciones a los especialistas de este mundo, ya que su vocación es un pilar más fuerte que la religión, y parece ser que esa vocación se tiene o no se tiene, no creo que se pueda aprender. Lo bueno es que los mejores equipos se forman de ambos tipos de personas, porque alguien tiene que tener la vista puesta en el que rema en el barco y en si el postre del menú del día lleva gluten.

Y tú, ¿Eres especialista o multipotencialista?

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Raquetas de nieve en St-Cergue

Desde que empezó a nevar por estos lares hemos estado deseando pasar un día en la montaña y hacer alguna excursión. Como ni Maromo ni yo esquiamos -y ahora mismo tampoco tenemos mucho interés-, nos propusimos hacer una ruta con raquetas de nieve, y junto a unos amigos, la organizamos para el domingo pasado.

Uno de los lugares más cercanos a Ginebra para estos menesteres es Saint-Cergue, cerca de Nyon, en el cantón de Vaud. Pilla a unos 38km y es accesible en tren y en coche. Como no estaba segura de la necesidad de cadenas y no quería tonteridas antes de matricular el coche, fuimos en tren.

Salimos a las 8:30AM de la estación de Cornavin, en Ginebra, hacia Nyon. Allí es necesario cambiar de tren y coger uno bastante viejo, que sube hasta St-Cergue. En total se tarda una hora desde Ginebra, (y aprox. CHF 40 i/v).

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Importante: No confundir St-Cergue (Suiza) con St-Cergues (Francia)

Siguiendo las indicaciones de una amiga, nos paramos en la estación de St-Cergue para alquilar allí en el pueblo el material de nieve (raquetas y bastones, CHF 25 por día), ya que no estaba segura de si arriba del todo habría un sitio para alquilar (al final sí que vimos un sitio, pero puede que otros días no esté). En principio teníamos pensado hacer la ruta caminando desde St-Cergue hasta La Givrine, y allí dar alguna otra vuelta… pero menos mal que no lo hicimos así.

En cuanto alquilamos el material (Milena Sports, Route de Nyon 1264 St-Cergue), nos dirigimos hacia donde terminaban las pistas de esquí y nos pusimos las raquetas para empezar a caminar. La verdad es que no se veía muchísima nieve, pero como no teníamos ni idea, comenzamos a andar.

Pasó por nuestro lado un señor paseando al perro, que se nos quedó mirando con cara de “¿Aquí os váis a poner las raquetas?”, y nos dijo que no había nieve a 100m adelante de donde estábamos, que no merecía la pena. Seguimos un poco sin raquetas, y el señor se volvió y me preguntó que a dónde íbamos. Le dije que a “La Givrine” caminando, y me dijo que era una pena que hiciéramos eso, pues era un camino de casi 4 horas andando y ahora mismo ni había nieve, ni había vistas bonitas ni nada. Me preguntó si teníamos coche o cómo habíamos llegado, y como veía mi cara de póker, se ofreció a llevarnos a La Givrine para comenzar allí nuestra ruta, aunque él tuviera que hacer dos viajes (éramos cinco y él tenía un coche pequeño). Decía que le daba mucha pena que hiciéramos ese camino tan feo, jajajaja. Yo creo que el hombre debía sentirse como si yo me encontrara a cinco guiris en Sevilla buscando la playa.

A mí me pareció una propuesta estupenda, y aunque los demás dudaban un poco, al final nos llevó arriba en 10 minutitos con el coche y… ¡Vaya si merecía la pena! ¡El paisaje era otra cosa allí! Hay que fiarse de los locales…

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El paisaje en La Givrine era totalmente invernal

En La Givrine ya se veía a mucha gente haciendo raquetas y esquí de fondo. La peña con raquetas son esos seres vivos que caminan a paso de Big Foot con algún hundimiento de pie ocasional, y los de esquí de fondo son como más fashion y van con los esquíes por unos raíles previamente preparados en la nieve (y por los que se paga un forfait también, por lo visto).

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No hay que pisar las dos líneas definidas, son propiedad de los esquiadores de fondo (Esta foto es de otro sitio, no hice foto de esto)

Una vez aprendes las diferentes funciones de las raquetas, el paseo se hace más entretenido, según vas encontrando cuestas, zonas con nieve mullida, zonas con nieve dura… para todo ello tienen distintos accesorios. Las botas no las alquilan, pero cualquier bota de montaña de caña media (e impermeable) nos vale para el asunto.

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[Imagen:www.langher.net]

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Esta zona tenía el camino preparado

Es bastante fácil, y aunque las rutas no están muy bien señalizadas, no es complicado dar una vuelta fuera de la pista claramente marcada, para ver un poco el bosque. Estuvimos un par de horas dando vueltas, con algunos episodios de ampollas pieciles y peleas de bolas de nieve, hasta que hicimos una paradiña, fondue incluída, en el Restaurant La Genolière, a 1348m de altura y con una terracita que invitaba a quedarse un rato, porque además salió el sol y estábamos agustísimo, jaja.

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Eso sí, tardaban mil años en traer las cosas y la cuenta, puf!

Después de la fondue y las bebidas reconstituyentes, procedimos a crear nuestro muñeco de nieve oficial de la excursión. Para mí, de hecho, era el primer muñeco de nieve de mi vida. Le pusimos mis gafas de sol y todo, y allí nos parecía bastante entrañable… aunque viendo ahora las fotos, se torna un tanto siniestro.

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El muñeco de nieve diabólico

Se notó bastante que soy de playa, porque empecé a hacer el muñeco amontonando nieve, como si fuera la arena, ignorando que hay que hacer la bola rodando la nieve hasta que va cogiendo forma porque se le va pegando más nieve. A todo se aprende…

Dimos un rodeo más a la vuelta, disfrutando del paisaje, y ya muertos, cogimos de nuevo el transporte hacia Ginebra, donde lo máximo que fui capaz de hacer fue ducharme… y dormir!

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Es una excursión que nos gustó mucho, y de hecho Maromo está pensando en comprar raquetas. Realmente, si compras unas raquetas de 50 CHF las amortizas en dos excursiones, y en Navidad vi una oferta en ALDI donde las vendían por ese precio. Al final nos aficionamos a la nieve y todo!

Coche inmigrante, peligro andante

Aviso de que escribo este post en un momento de furia interna y externa hacia los trabajadores del Servicio de Automóviles del Cantón de Ginebra. Les deseo un picor de ojete extremo que les imposibilite la concentración en cualquier tarea durante al menos, dos horas. Pienso que es uno de los castigos inocuos más molestos que pueden existir. Práctico, inocuo, y molesto. 3 en 1.

Este sentimiento proviene del hecho del pejiguerismo al que me estoy enfrentando a la hora de legalizar mi pequeño coche en este también pequeño país helvético.

Traer un vehículo propio de España tiene varios pasos aquí*:

  1. Importarlo: Como Suiza no forma parte de la UE, es necesario legalizar la situación con respecto a la aduana. Al traerlo como “efecto de mudanza”, este coste es de sólo CHF 20 y luego tengo hasta un año desde que llegué al país para matricularlo en Suiza. Esto fue relativamente fácil y solo cuestión de llevar muchos papeles.
  2. Matricularlo en Suiza: Aquí empieza lo bueno. Para poderlo matricular, el coche debe cumplir con la legislación vigente con respecto a emisiones, características técnicas, etc. En resumen he necesitado:
    1. Buscar un seguro suizo que se comprometa a asegurarme. Check.
    2. Sacar el “carnet antipollution”, tras visitas a distintos talleres y tratar con el señor más desagradable de los talleres mundiales en francés de lepe. Check.
    3. Pasar la visita técnica (como la ITV). Error. Aquí me he quedado hoy.
    4. Pagar las nuevas placas.
    5. Darlo de baja en España (Esto da para otro post).

¿Y por qué no ha pasado mi pequeña voiture la puñetera visite technique? ¿Acaso un peligroso estado de los neumáticos? ¿Peligro de muerte por llevar un Elvis de cabeza balanceadora en la bandeja trasera? ¿Algún CD de Camela en su interior? ¿Tapicería de Leopardo?

No. Es que tiene sucio de grasa el chasis y el motor, y así el pobre hombre se mancha y no ve bien el estado del mismo. Tócate los santos ovarios. Ahora un mecánico necesita tener el motor de un coche más limpio que la encimera de casa (yo limpié por encima lo que vi con un cepillo, pero vamos, que los coches tienen grasa por defecto y la ITV la pasó).

Eso y que un taller debe medir el desgaste de los discos de freno y decirme si debo cambiarlos. ¡¡¡¡Pues mídelo tú y me dices si los tengo que cambiar, que pa eso me has cobrado CHF 200 por la genial visita técnica!!!!

Me cabreo porque me parece una pijada y ganas de sangrarme más pasta por un coche que está perfecto, tiene 5 años de uso, no es una tartana peligrosa de 20 años ni vengo del Congo con un jeep de safari (con mis respetos a los Jeeps congoleños, pero es que el polvo de la sabana seguramente obstruya cosas).

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Así que lo he dejado en un taller donde limpiarán con esmero y amor el motor para deleite de mi hamijo el señor de bata blanca del Servicio de Automóviles por unos CHF 100 de nada. Espero ver reflejado mi rostro en la tapa del motor.

*Luego están los que viven en Suiza 5 años, o 10, o 20, y dejan el coche con la matrícula de Eslovenia y se quedan tan panchos (true story). Todo esto por ser legal.

Actividades

Como casi todo el mundo, me agobio y me quejo cuando tengo mucho que hacer… Pero cuando tengo poco que hacer, es aún peor! La búsqueda de empleo no lleva ocho horas al día (ni es eficiente tampoco), así que realmente puedo aprovechar el tiempo que tengo para hacer también cosas que me gustan y que no puedo hacer cuando estoy trabajando al 100%. Cuidarme más, y relajarme sin agobios ya que tengo bastante tiempo para retomar el tren del trabajo.

Mis prioridades son:

  • Francés: Empiezo la semana que viene otro curso, y he conseguido un par de personas para tándem (español/francés o inglés/francés).
  • Deporte: Me he reapuntado a la piscina del barrio, y poco a poco voy retomándolo a pesar de que el tiempo no invite mucho a ir a remojarse (pero es que aún menos invita a correr o estar al aire libre, glups)
  • Comida equilibrada y probar cosas nuevas: Empecé la dieta que sigo con relativo éxito (salvo un día en que me dio un ataque de pan y otro en que sufrí la llamada de las galletas de dinosaurios de la alacena*, me estoy portando bastante bien). He aprendido a hacer sushi con este tutorial de mi amada isasaweis (me cae genial esta chica), y además de ser muy entretenido, no es complicado! (y me ahorro lo caro que es el sushi en cualquier supermercado o restaurante, cómo se pasan).
  • Hacer actividades nuevas/conocer más gente: Es hora de salir de la zona de confort (por quincuagésima vez) y apuntarme a nuevas actividades o grupos que me interesen. El otro día fui a un evento de idiomas de glocals.com y estuvo entretenido, la verdad. Para mí es importante, primero porque es sano y me siento realmente mucho mejor después de estar un rato con gente y charlar, y luego para no darle tanto la brasa a Maromo, que se ha buscado sus aficiones aquí sorprendentemente bien, y yo debo hacer lo propio para que cada uno tengamos nuestros intereses.
  • Planear viajes: Antes de que sean muy caros o ya no tenga tiempo para hacerlos. Me gustaría enseñar Berlín a Maromo (además allí tengo casa de una amiga) o ir a Holanda, que me llama mucho. A casa no pienso volver hasta que mi madre termine la reforma de mi habitación y la cocina.

En otro orden de cosas, al cambiar mi permiso de conducir español por el suizo, tuve que ir a una revisión de la vista en una óptica. Era algo que yo entendía rutinario, y que no me preocupaba porque siempre he visto muy bien -y el oculista me lo decía-. El problema empezó cuando el señor de la óptica me tapó un ojo y me dijo, “¿Dónde está el punto?” a lo que contesté “¿Qué punto?”. Juro por el Matterhorn que no veía un carallo, y es que resulta que tengo miopía en el ojo derecho (no mucho, y globalmente veo bien gracias a mi ojo izquierdo, que sigue siendo súper-ojo), pero me indicó este buen señor que lo suyo era hacerse un chequeo y ponerme gafas… Así que tras aguantar los años de carrera frente al Autocad viendo como los demás empezaban con gafas y yo no… me ha llegado la hora. Mañana voy al oculista (En Francia of course, cualquiera paga un oftalmólogo suizo), y habrá que escoger mi look gafil.

Se despide cuatro ojos! XD

*Estas son las galletas de dinosaurios que mi madre metió de contrabando en el coche al salir de España. Son adictivas!

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