Chim Pún

Parece que se acaba otra etapa en mi vida, y es que se me acabó el trabajo (aunque no de tanto usarlo, jeje). Tengo sentimientos encontrados, porque por una parte estaba harta de él por mi absoluta falta de motivación, pero a cambio tenía una posición bastante cómoda, dadas las circunstancias actuales y en comparación con los amigos y compañeros de mi entorno. C’est la vie, supongo, y quizá esta patada en el culo es lo que me hacía falta para intentar mejorar a medio-largo plazo y no estancarme en el conformismo al que llega una cuando asienta el culo en una zona de confort, que es algo así como ponerte el pijama un sábado por la noche. Es casi imposible que aunque te llame el mismísimo Brad Pitt, te lo quites, te pongas los tacones y salgas a bailar 😉 Digamos que me han quitado el pijama y me han empujado a la pista de baile, o al menos quiero verlo así.

Aunque ya me lo viera venir, el confirmarlo me ha descolocado un poco. Es normal, y a pesar de tenerlos bien puestos -eso creo, eso dicen- debo permitir sentirme débil de vez en cuando. Si me reinventé cuando mi pareja me tiró al ring, puedo hacerlo ahora, eso seguro. Quizá toque luchar aquí o emprender el vuelo, pero eso aún no lo sé. Cada día, un pasito. En esta semana tengo que acabar el trabajo pendiente e intentar pedir un mes de “prórroga” para no quedarme con el culo al aire del tirón y poder empezar a plantearme alternativas.

Se aceptan todo tipo de ideas 😉