5 Cosas que amo y 5 cosas que odio de Suiza

La verdad es que nunca he escrito uno de estos posts comerciales con listas que pueden encontrarse en muchos blogs (bueno, escribí uno sobre lugares donde aprender francés en Ginebra, pero creo que no es lo mismo…) y me he dicho: ¿Por qué no? ¿Quién me impide ser mainstream? ¡Nadie! Así que allá vamos:

5 cosas que amo de Suiza

1. El transporte público: ¿Cómo es posible que el bus llegue exactamente a la hora que pone en el cartel de la parada? En Chiclana quise coger un bus para ir a un centro comercial que pasaba supuestamente cada 30′ (a las horas punta y a las y media). Pues llegué a las 5,25 y el de las 5,30 ya se había ido… Bueno, Chiclana es un caso extremo, pero cuando voy a Sevilla y veo que en la parada del bus pone que pasará en 16 minutos los ojos se me dan la vuelta! Que pase el tranvía cada 3 minutos en hora punta es un lujo, más aún para dormilonas como yo.

2. El mercado laboral: No nos engañemos: el que viene de España a trabajar en Suiza no ha visto tantos ceros en su nómina en la vida. Me hace gracia que en los grupos de Facebook, en las reuniones familiares o cuando alguien viene de visita, otros españoles intenten justificar esta realidad explicando que, aunque los salarios sean más elevados, también lo es el coste de la vida, y al final te quedas igual, o como dicen en mi tierra, “lo comío por lo servío“, como si les diera vergüenza admitir que su salario es elevado y para evitar agravio comparativo. Sí y no. Es cierto que un alquiler cuesta el doble o el triple que en España, al igual que la ropa, la comida o los servicios. Pero en mi propia experiencia, compensa con creces: si fuera equivalente, no podríamos ahorrar, y entonces estaríamos haciendo el canelo 🙂

3. El plurilingüismo: El suizo medio habla entre 2 y 3 idiomas, y por mi experiencia, los extranjeros viviendo en Suiza más o menos igual: si vienes de un tercer país, normalmente hablas tu lengua materna, la del cantón donde vives, y algo de inglés. Eso si eres alguien con curiosidad e interés por integrarte. También he conocido personas trabajando 20 años en una multinacional (en inglés) y sin hablar ni papa de francés… lo cual me parece una pena. Para mí es una oportunidad de poder practicar constantemente los idiomas que he aprendido, lo cual me llena de orgullo y satisfacción.

4. La situación geográfica: Estar en el centro de Europa tiene una ventaja: muchos sitios están cerquita! En una hora de avión estás en París tan ricamente, y si me da la morriña, en 2h40m estoy en Sevilla. Puede parecer muy lejos, pero cuando has vivido a 9h de diferencia horaria y 12.000km de casa, esto es pecata minuta. Hechos: Mi hermano vive en Barcelona y yo voy a Cádiz bastante más a menudo que él. No es cuestión de distancia sino de organización… y voluntad 😛

5. El civismo: Es agradable que un chaval de 14 años te pregunte educadamente por la calle si tienes hora, que la gente espere ordenadamente las colas, que las calles estén limpias -en Ginebra no tanto-, en definitiva, respirar ese orden general por el cual las cosas, normalmente, funcionan bastante bien. Aquí un email de un ente público tipo “info@ayuntamientodemipueblo.com” TE RESPONDE, y oyes, eso mola.

Los más avispados habrán notado que no he mencionado ni el queso ni el chocolate: sí, me encantan, pero en este mundo globalizado puedes comer el mismo queso y el mismo chocolate suizo en Utrera sin despeinarte.

5 cosas que odio de Suiza

1. Los horarios: Vivo en un Jet lag continuo. Es imposible adaptarme a los horarios, y no es por que no lo intente, es que no puedorl! Mis compañeros van a comer a las 11.50-12.00; Señores, yo a esa hora tengo la tostada todavía en camino. Que sí, que si me hubiera despertado como ellos a las 6 de la mañana y hubiera desayunado entonces, tendría hambre. Pero QUÉ SE ME HA PERDIDO A MÍ A LAS 6 DE LA MAÑANA, si al trabajo puedo llegar desde las 7 hasta las 9! Evidentemente, llego a las 9:00, y me voy a las 18:00. De hecho, soy tan poco “mañanera” que hasta las 10 yo noto que mi cuerpo no responde a los estímulos como debería, y a las 17:45 estoy totalmente on fire. Cuando llega el fin de semana, si me despierto a las 11, el día ya va por la mitad para los Suizos… y es que aquí da la impresión de que los días son más cortos: a las 8 de la tarde parece que sean las 22h. Si quiero aprovechar bien el día, tengo que concienciarme de que hay que madrugar. Y eso para mí, en finde, es pecado!

2. Los horarios (II): Por favor: ¿PODRÍAN ABRIR LAS TIENDAS HASTA MÁS ALLÁ DE LAS 18H los sábados? Que sí, que es por la conciliación de la vida familiar y laboral que los suizos se empeñan en tener horarios comerciales más bien restringidos en general, con contados casos de domingos en que abren… pero… en serio… tan malo sería? Pasar de lo radical de supermercados abiertos 24h en Los Ángeles a que llegue aquí la hora Heidi a las 6 de la tarde, es un shock. Cuando voy a España y me dan las 22h en El Corte Inglés me siento aventurera de la vida.

3. La falta de espontaneidad: Cuenta la leyenda que hubo un suizo que una vez, hizo algo sin haberlo planificado un mes antes. Al despertarse al día siguiente, un rayo divino le fulminó, y por el miedo a ese ente divino, la agenda es el best seller de las librerías, y el Google Calendar la app del milenio. A una amiga española le invitaron el otro día a un cumpleaños que se celebrará en JUNIO. ¿Perdona? Quizás en Junio ya ni te hable, quizá me haya ido del país, o no me apetezca ir, o me haya tocado la lotería y esté en la Riviera Maya. Imaginad el estrés de esta misma chica cuando los invitados a su boda le decían que a ver cuándo enviaba las invitaciones, que ya faltaban 9 meses y aún no las había enviado…

4. Los vecinos: Pueden ser muy pejigueras. Su tolerancia al ruido es de 1dB, y aunque en nuestro apartamento actual no hemos tenido muchos problemas, aún no he superado mi trauma con la loca del wifi, que me enviaba sms diciendo: “¿Puedes caminar más ligeramente?”. “Tu maromo habla muy alto”.

5. La sensación de ciudad “a medio gas”: Hay pocas cosas más deprimentes que pasear por Ginebra un domingo de Enero, no hay ni el tato: bares cerrados, tiendas cerradas, la gente en sus casas o como mucho en algún parque (si no te hielas). Comparada con la plaza del Salvador a las 13:00, es para pegarse un tiro. Aquí tienes que apañarte para quedar con la gente en casa de alguien, o buscar alguna actividad que te guste para no morir de aburrimiento. En España, con salir a la calle, el buen tiempo (más la sí-espontaneidad) anima a juntarse en algún sitio exterior a tomar un café o una cervecilla mucho más fácilmente.

Voilà mi lista de 5 cosas que amo y 5 cosas que odio de vivir en Suiza.

¿Cuáles son las tuyas?

Feliz semana!

No holidays here

Este es el primer verano que no tengo vacaciones. No se me hace muy pesado porque me gusta mi trabajo y la ciudad en verano es bastante agradable (no echo nada de menos los veranos sevillanos/cordobeses a 47º ni el verano gaditano con el pueblo saturado de turistas a más no poder), así que realmente el tiempo pasa rápido y voy encontrando cosas que hacer. Lo que es curioso es ir viendo cómo los demás sí se van de vacaciones, y lo que les cuesta volver.

En el trabajo he estado sustituyendo a compañeros que se han ido, así que tenía que hacer su trabajo y el mío, y aunque alguna semana me he quedado un rato más para llegar a ponerme al día, lo he llevado bien. Mi contrato es aún temporal (hasta enero), pero visto que la persona a la que sustituyo dejó la empresa, tengo la esperanza de quedarme más tiempo. Mi jefa (a la que amo oficialmente) me ha comentado varias veces que está muy contenta con mi trabajo y con lo rápido que he asimilado todo, así que por ella no será…

Mientras, mi querida casera y sus curiosas maneras de comunicarse también me han tenido entretenida. Estoy deseando encontrar otro piso y perderla de vista, porque esta mujer de verdad que está para hacérselo mirar, y bien. Miramos anuncios de vez en cuando, pero lo cierto es que para mudarnos, con la que hay que liar, nos tiene que gustar mucho el sitio y tiene que entrar en nuestro presupuesto. Maromo empieza a trabajar en septiembre (yeah! es un auténtico campeón), así que tendremos más posibilidades con 2 sueldos.

Mi mini vacación consistirá en un finde en Ámsterdam dentro de un par de semanas. Tenía ganas desde hacía mucho tiempo de conocer Holanda, y gracias a una oferta de Easyjet con horarios adecuados para el finde (cosa rara) podremos conocer la tierra de Van Gogh.

La semana pasada fue puente por el día de la fiesta nacional, 1 de Agosto. Como Maromo estaba en España de vacaciones y no quería quedarme sin hacer nada especial, fui con mi mejor amigo y su familia a conocer el departamento francés de Ardèche, a unas 5 horas de coche de aquí. Fue, sin lugar a dudas, una experiencia… que dudo que repita. El grupo en cuestión éramos mi amigo, su novia, su hija de apenas 2 años, y la hermana de 14 años del matrimonio anterior de ella. Sounds like a plan. La cosa empezó bien, pero la verdad es que es agotador llevarle el ritmo a una familia que no es la tuya, y que ahora mismo tiene frentes abiertos a nivel Dora Exploradora y Justin Bieber. Las niñas eran un encanto, pero ellos perdían la paciencia cada 10 minutos y echaban broncas a diestro y siniestro. Se daba el fenómeno de cabreos encadenados -bebé cabrea a madre, madre paga con adolescente, adolescente paga con padrastro, y ya sólo quedaba yo, que era la suiza neutral-, que me tenían en un estado de pseudo tensión todo el día.

Al final, a pesar de que les quiero mucho, acabé la escapada más cansada que cuando me fui. La zona es preciosa y con mucho para disfrutar, pero ni pude hacer la actividad estrella (descender el río Ardèche en kayak), ni pude ser muy proactiva en los planes, porque ellos mandaban. Me gustaría volver con Maromo para ir más a nuestro ritmo.

Me ha salido un post un poco de cualquier manera, pero al menos manifiesto que sigo viva y coleando.

Hasta pronto!

Actividades

Como casi todo el mundo, me agobio y me quejo cuando tengo mucho que hacer… Pero cuando tengo poco que hacer, es aún peor! La búsqueda de empleo no lleva ocho horas al día (ni es eficiente tampoco), así que realmente puedo aprovechar el tiempo que tengo para hacer también cosas que me gustan y que no puedo hacer cuando estoy trabajando al 100%. Cuidarme más, y relajarme sin agobios ya que tengo bastante tiempo para retomar el tren del trabajo.

Mis prioridades son:

  • Francés: Empiezo la semana que viene otro curso, y he conseguido un par de personas para tándem (español/francés o inglés/francés).
  • Deporte: Me he reapuntado a la piscina del barrio, y poco a poco voy retomándolo a pesar de que el tiempo no invite mucho a ir a remojarse (pero es que aún menos invita a correr o estar al aire libre, glups)
  • Comida equilibrada y probar cosas nuevas: Empecé la dieta que sigo con relativo éxito (salvo un día en que me dio un ataque de pan y otro en que sufrí la llamada de las galletas de dinosaurios de la alacena*, me estoy portando bastante bien). He aprendido a hacer sushi con este tutorial de mi amada isasaweis (me cae genial esta chica), y además de ser muy entretenido, no es complicado! (y me ahorro lo caro que es el sushi en cualquier supermercado o restaurante, cómo se pasan).
  • Hacer actividades nuevas/conocer más gente: Es hora de salir de la zona de confort (por quincuagésima vez) y apuntarme a nuevas actividades o grupos que me interesen. El otro día fui a un evento de idiomas de glocals.com y estuvo entretenido, la verdad. Para mí es importante, primero porque es sano y me siento realmente mucho mejor después de estar un rato con gente y charlar, y luego para no darle tanto la brasa a Maromo, que se ha buscado sus aficiones aquí sorprendentemente bien, y yo debo hacer lo propio para que cada uno tengamos nuestros intereses.
  • Planear viajes: Antes de que sean muy caros o ya no tenga tiempo para hacerlos. Me gustaría enseñar Berlín a Maromo (además allí tengo casa de una amiga) o ir a Holanda, que me llama mucho. A casa no pienso volver hasta que mi madre termine la reforma de mi habitación y la cocina.

En otro orden de cosas, al cambiar mi permiso de conducir español por el suizo, tuve que ir a una revisión de la vista en una óptica. Era algo que yo entendía rutinario, y que no me preocupaba porque siempre he visto muy bien -y el oculista me lo decía-. El problema empezó cuando el señor de la óptica me tapó un ojo y me dijo, “¿Dónde está el punto?” a lo que contesté “¿Qué punto?”. Juro por el Matterhorn que no veía un carallo, y es que resulta que tengo miopía en el ojo derecho (no mucho, y globalmente veo bien gracias a mi ojo izquierdo, que sigue siendo súper-ojo), pero me indicó este buen señor que lo suyo era hacerse un chequeo y ponerme gafas… Así que tras aguantar los años de carrera frente al Autocad viendo como los demás empezaban con gafas y yo no… me ha llegado la hora. Mañana voy al oculista (En Francia of course, cualquiera paga un oftalmólogo suizo), y habrá que escoger mi look gafil.

Se despide cuatro ojos! XD

*Estas son las galletas de dinosaurios que mi madre metió de contrabando en el coche al salir de España. Son adictivas!

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Vecinas amables, mecánicos malajes y la dieta maromil

El lunes empecé la dieta que me recomendó una amiga nutricionista de España. Estamos a jueves y calculo que ya habré perdido al menos cuatro días (jajaja, si no hago este chiste reviento). La verdad es que no es una dieta súper estricta; hay variedad, y contiene dos puntos que me cuesta horrores cumplir, pero que de momento estoy haciendo bastante bien: no comer pan (sólo en el desayuno) y tomar mucha fruta (no me gusta la fruta!). La idea es ir cambiando volviendo a los hábitos de comer sano que había conseguido antes de volver a tener pareja. 

Porque sí, queridas: los maromos engordan. Bueno, en mi caso, engordo yo. Una que es de buen comer, como me “ajunte” con un glotón, pues voilà, a jalar sin control, y claro, mi metabolismo no es el suyo, que el maldito buen mozo se come tocino frito en manteca, y se queda igual. Injusticia.

Volviendo a la dieta, lo curioso es que hay algunas cosas que aquí no hay, lo principal: Queso fresco (tipo de Burgos) y gaseosa/casera (para tomarse un “tintito de verano”, que la birra ha quedado prohibida, de momento), o al menos, yo no los encuentro. Incluso he preguntado en el típico grupo de “españoles en Ginebra”, quienes me han confirmado que si quiero queso fresco, que vaya a Burgos.

Otra cosa que me trae de cabeza esta semana es todo lo relacionado con legalizar el coche que traje de España. El papeleo que conlleva es una movida (importación, homologación, matriculación), y luego está el reto de enterarte de lo que te explica cada uno a cada paso del tema, porque hay unas cuantas variantes y no es todo ABC. Lo único que me consuela es que si tuviera que hacer esto en un cantón alemán, ya me habría cortado las venas.

  
Hoy, en uno de esos millones de pasos, tenía que averiguar la manera de obtener una “fiche d’entretien du système antipollution”. He ido a tres mecánicos que me han dado instrucciones confusas, y el último -y el que parece que lo hará- era un pedazo de malaje vivo, que desde que llegamos a preguntar estuvo maldiciendo -sin que entendiéramos mucho-, y parecía que me estaba salvando la vida… Me han dado ganas de coger los papeles y decirle “mire usted, ya me busco la vida por otro lado”, pero como no sé tanto francés como para sonar sarcástica y la verdad es que tampoco sé quién más lo puede solucionar, me he quedado calladita con cara de Póker.

Añoro los tiempos de mi mecánico amigo, Walter Wong.

Para rematar la semana cocheril (me permito inventar este término), una vecina golpeó mi coche con el suyo en un ataque de yodling motorizado, y le rozó un poco, la verdad es que no me di ni cuenta, hasta que mi casera (a.k.a. La loca del wifi), me llamó diciendo que la vecina intentaba buscar al dueño del coche español para arreglarle el golpe, que si era mío.

  
Así que así fue como conocí a Mrs. Clark, inglesa del mismo Reino Unido, que amablemente me ha dado todos los datos y la cita con el taller para que le arreglen la esquina al bólido. Anda que en España te van a buscar para darte los datos del seguro… Pues a mí ya me ha pasado dos veces.

La Loca del Wifi

Tuve la suerte de poder alquilar un apartamento a mi nombre antes de tener todos los requisitos que suelen pedir las regies (inmobiliarias) ginebrinas, a saber:

  • 3 últimas nóminas (llevaba aquí 1 mes…)
  • Certificado de no tener deudas en el cantón (Attestation de non poursuite, hola? Acabo de llegar, qué deuda voy a tener? Pues dame 20CHF y te lo certifico)
  • Permiso de residencia (Necesito casa para el permiso… Necesito permiso para la casa… Necesito casa para el permiso… y así hasta el infinito)

¿Cómo conseguí esto? Porque mi apartamento no lo alquilaba una Regie, no. Era de un particular, en concreto la dueña es mi querida Loca del Wifi, y en aquellos momentos logré camelarla para que me alquilara el piso.

Quedó bautizada como tal el día -aproximadamente 3 días después de mudarme- en que subió para comentarme una cosa del piso y aprovechó para tener conmigo esta conversación:

  • LdW: Por cierto, que como ya veo que tienes Internet, te quería comentar que por favor apagaras el WIFI por la noche, porque soy muy sensible y lo siento.
  • AE: ¿Qué es lo que sientes?
  • LdW: Pues siento las ondas, no duermo bien y tengo pesadillas. Todo eso es por el WIFI, así que, entiendo que durante el día lo necesites, pero por la noche por favor, apágalo.
  • AE: Bueno… la cosa es que lo he pedido pero aún no me lo han instalado, tardarán como una semana.
  • LdW: Ah… bueno, pues para cuando lo tengas.

Además de ser un facepalm en toda regla, por supuesto que no he apagado el Wifi ni un solo día. Los otros vecinos lo tienen siempre encendido (En la casita esta somos 4 vecinos, loca incluída), así que lo dejé correr. Ignoro si ella es capaz de saber mirar las redes disponibles y verificar si hay wifis o no… pero en fin, como una chota.

La Loca del Wifi (LdW para simplificar), es una esteticién suiza que heredó junto a su hermano esta hermosa casita en los aledaños ginebrinos. Además de vivir en un mundo paralelo, le suele molestar casi todo, y para indicar su molestia suele mandar sms del tipo:

Hi, could you walk in the apartment without your shoes or more lightly? It makes noise. Thanks

¿Cómo se camina “more lightly”? ¿Levitando? Querida, si alquilas el piso de arriba en una casa de 1930 con suelos de madera, cuando ando suena, y no voy dando taconazos -de hecho voy descalza o en zapatillas, pero la madera cruje-. Por la pasta que cuesta el piso al menos tendré derecho a caminar en mi casa…

Le suelo contestar con mensajes del tipo:

Sorry LdW, I will definitely walk lighter from now on.

Me parto el ojal y me quedo tan agusto. Cierto que me da cosa que realmente le resulte(mos) tan ruidosos y acabe quejándose más en serio, pero realmente aquí hay ruidos inevitables como chocarnos veintimilcientas veces con las sillas de la cocina, y por el tono de voz clásico andaluz de Maromo (Voz normal + 5dB).

El otro día, tomando una cerveza con compañeros hispanoparlantes de la clase de francés, me resultó chocate que una de ellos comentaba que cuando llegó a Ginebra le pareció ruidoso y la gente maleducada (!), porque ella venía de Canadá. (Nota mental: No ir a vivir a Canadá). Está claro que todo esto es relativo, y yo no me consideraba ruidosa… pero ahora no lo tengo claro…