Raquetas de nieve en St-Cergue

Desde que empezó a nevar por estos lares hemos estado deseando pasar un día en la montaña y hacer alguna excursión. Como ni Maromo ni yo esquiamos -y ahora mismo tampoco tenemos mucho interés-, nos propusimos hacer una ruta con raquetas de nieve, y junto a unos amigos, la organizamos para el domingo pasado.

Uno de los lugares más cercanos a Ginebra para estos menesteres es Saint-Cergue, cerca de Nyon, en el cantón de Vaud. Pilla a unos 38km y es accesible en tren y en coche. Como no estaba segura de la necesidad de cadenas y no quería tonteridas antes de matricular el coche, fuimos en tren.

Salimos a las 8:30AM de la estación de Cornavin, en Ginebra, hacia Nyon. Allí es necesario cambiar de tren y coger uno bastante viejo, que sube hasta St-Cergue. En total se tarda una hora desde Ginebra, (y aprox. CHF 40 i/v).

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Importante: No confundir St-Cergue (Suiza) con St-Cergues (Francia)

Siguiendo las indicaciones de una amiga, nos paramos en la estación de St-Cergue para alquilar allí en el pueblo el material de nieve (raquetas y bastones, CHF 25 por día), ya que no estaba segura de si arriba del todo habría un sitio para alquilar (al final sí que vimos un sitio, pero puede que otros días no esté). En principio teníamos pensado hacer la ruta caminando desde St-Cergue hasta La Givrine, y allí dar alguna otra vuelta… pero menos mal que no lo hicimos así.

En cuanto alquilamos el material (Milena Sports, Route de Nyon 1264 St-Cergue), nos dirigimos hacia donde terminaban las pistas de esquí y nos pusimos las raquetas para empezar a caminar. La verdad es que no se veía muchísima nieve, pero como no teníamos ni idea, comenzamos a andar.

Pasó por nuestro lado un señor paseando al perro, que se nos quedó mirando con cara de “¿Aquí os váis a poner las raquetas?”, y nos dijo que no había nieve a 100m adelante de donde estábamos, que no merecía la pena. Seguimos un poco sin raquetas, y el señor se volvió y me preguntó que a dónde íbamos. Le dije que a “La Givrine” caminando, y me dijo que era una pena que hiciéramos eso, pues era un camino de casi 4 horas andando y ahora mismo ni había nieve, ni había vistas bonitas ni nada. Me preguntó si teníamos coche o cómo habíamos llegado, y como veía mi cara de póker, se ofreció a llevarnos a La Givrine para comenzar allí nuestra ruta, aunque él tuviera que hacer dos viajes (éramos cinco y él tenía un coche pequeño). Decía que le daba mucha pena que hiciéramos ese camino tan feo, jajajaja. Yo creo que el hombre debía sentirse como si yo me encontrara a cinco guiris en Sevilla buscando la playa.

A mí me pareció una propuesta estupenda, y aunque los demás dudaban un poco, al final nos llevó arriba en 10 minutitos con el coche y… ¡Vaya si merecía la pena! ¡El paisaje era otra cosa allí! Hay que fiarse de los locales…

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El paisaje en La Givrine era totalmente invernal

En La Givrine ya se veía a mucha gente haciendo raquetas y esquí de fondo. La peña con raquetas son esos seres vivos que caminan a paso de Big Foot con algún hundimiento de pie ocasional, y los de esquí de fondo son como más fashion y van con los esquíes por unos raíles previamente preparados en la nieve (y por los que se paga un forfait también, por lo visto).

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No hay que pisar las dos líneas definidas, son propiedad de los esquiadores de fondo (Esta foto es de otro sitio, no hice foto de esto)

Una vez aprendes las diferentes funciones de las raquetas, el paseo se hace más entretenido, según vas encontrando cuestas, zonas con nieve mullida, zonas con nieve dura… para todo ello tienen distintos accesorios. Las botas no las alquilan, pero cualquier bota de montaña de caña media (e impermeable) nos vale para el asunto.

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[Imagen:www.langher.net]

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Esta zona tenía el camino preparado

Es bastante fácil, y aunque las rutas no están muy bien señalizadas, no es complicado dar una vuelta fuera de la pista claramente marcada, para ver un poco el bosque. Estuvimos un par de horas dando vueltas, con algunos episodios de ampollas pieciles y peleas de bolas de nieve, hasta que hicimos una paradiña, fondue incluída, en el Restaurant La Genolière, a 1348m de altura y con una terracita que invitaba a quedarse un rato, porque además salió el sol y estábamos agustísimo, jaja.

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Eso sí, tardaban mil años en traer las cosas y la cuenta, puf!

Después de la fondue y las bebidas reconstituyentes, procedimos a crear nuestro muñeco de nieve oficial de la excursión. Para mí, de hecho, era el primer muñeco de nieve de mi vida. Le pusimos mis gafas de sol y todo, y allí nos parecía bastante entrañable… aunque viendo ahora las fotos, se torna un tanto siniestro.

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El muñeco de nieve diabólico

Se notó bastante que soy de playa, porque empecé a hacer el muñeco amontonando nieve, como si fuera la arena, ignorando que hay que hacer la bola rodando la nieve hasta que va cogiendo forma porque se le va pegando más nieve. A todo se aprende…

Dimos un rodeo más a la vuelta, disfrutando del paisaje, y ya muertos, cogimos de nuevo el transporte hacia Ginebra, donde lo máximo que fui capaz de hacer fue ducharme… y dormir!

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Es una excursión que nos gustó mucho, y de hecho Maromo está pensando en comprar raquetas. Realmente, si compras unas raquetas de 50 CHF las amortizas en dos excursiones, y en Navidad vi una oferta en ALDI donde las vendían por ese precio. Al final nos aficionamos a la nieve y todo!

Coche inmigrante, peligro andante

Aviso de que escribo este post en un momento de furia interna y externa hacia los trabajadores del Servicio de Automóviles del Cantón de Ginebra. Les deseo un picor de ojete extremo que les imposibilite la concentración en cualquier tarea durante al menos, dos horas. Pienso que es uno de los castigos inocuos más molestos que pueden existir. Práctico, inocuo, y molesto. 3 en 1.

Este sentimiento proviene del hecho del pejiguerismo al que me estoy enfrentando a la hora de legalizar mi pequeño coche en este también pequeño país helvético.

Traer un vehículo propio de España tiene varios pasos aquí*:

  1. Importarlo: Como Suiza no forma parte de la UE, es necesario legalizar la situación con respecto a la aduana. Al traerlo como “efecto de mudanza”, este coste es de sólo CHF 20 y luego tengo hasta un año desde que llegué al país para matricularlo en Suiza. Esto fue relativamente fácil y solo cuestión de llevar muchos papeles.
  2. Matricularlo en Suiza: Aquí empieza lo bueno. Para poderlo matricular, el coche debe cumplir con la legislación vigente con respecto a emisiones, características técnicas, etc. En resumen he necesitado:
    1. Buscar un seguro suizo que se comprometa a asegurarme. Check.
    2. Sacar el “carnet antipollution”, tras visitas a distintos talleres y tratar con el señor más desagradable de los talleres mundiales en francés de lepe. Check.
    3. Pasar la visita técnica (como la ITV). Error. Aquí me he quedado hoy.
    4. Pagar las nuevas placas.
    5. Darlo de baja en España (Esto da para otro post).

¿Y por qué no ha pasado mi pequeña voiture la puñetera visite technique? ¿Acaso un peligroso estado de los neumáticos? ¿Peligro de muerte por llevar un Elvis de cabeza balanceadora en la bandeja trasera? ¿Algún CD de Camela en su interior? ¿Tapicería de Leopardo?

No. Es que tiene sucio de grasa el chasis y el motor, y así el pobre hombre se mancha y no ve bien el estado del mismo. Tócate los santos ovarios. Ahora un mecánico necesita tener el motor de un coche más limpio que la encimera de casa (yo limpié por encima lo que vi con un cepillo, pero vamos, que los coches tienen grasa por defecto y la ITV la pasó).

Eso y que un taller debe medir el desgaste de los discos de freno y decirme si debo cambiarlos. ¡¡¡¡Pues mídelo tú y me dices si los tengo que cambiar, que pa eso me has cobrado CHF 200 por la genial visita técnica!!!!

Me cabreo porque me parece una pijada y ganas de sangrarme más pasta por un coche que está perfecto, tiene 5 años de uso, no es una tartana peligrosa de 20 años ni vengo del Congo con un jeep de safari (con mis respetos a los Jeeps congoleños, pero es que el polvo de la sabana seguramente obstruya cosas).

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Así que lo he dejado en un taller donde limpiarán con esmero y amor el motor para deleite de mi hamijo el señor de bata blanca del Servicio de Automóviles por unos CHF 100 de nada. Espero ver reflejado mi rostro en la tapa del motor.

*Luego están los que viven en Suiza 5 años, o 10, o 20, y dejan el coche con la matrícula de Eslovenia y se quedan tan panchos (true story). Todo esto por ser legal.

Actividades

Como casi todo el mundo, me agobio y me quejo cuando tengo mucho que hacer… Pero cuando tengo poco que hacer, es aún peor! La búsqueda de empleo no lleva ocho horas al día (ni es eficiente tampoco), así que realmente puedo aprovechar el tiempo que tengo para hacer también cosas que me gustan y que no puedo hacer cuando estoy trabajando al 100%. Cuidarme más, y relajarme sin agobios ya que tengo bastante tiempo para retomar el tren del trabajo.

Mis prioridades son:

  • Francés: Empiezo la semana que viene otro curso, y he conseguido un par de personas para tándem (español/francés o inglés/francés).
  • Deporte: Me he reapuntado a la piscina del barrio, y poco a poco voy retomándolo a pesar de que el tiempo no invite mucho a ir a remojarse (pero es que aún menos invita a correr o estar al aire libre, glups)
  • Comida equilibrada y probar cosas nuevas: Empecé la dieta que sigo con relativo éxito (salvo un día en que me dio un ataque de pan y otro en que sufrí la llamada de las galletas de dinosaurios de la alacena*, me estoy portando bastante bien). He aprendido a hacer sushi con este tutorial de mi amada isasaweis (me cae genial esta chica), y además de ser muy entretenido, no es complicado! (y me ahorro lo caro que es el sushi en cualquier supermercado o restaurante, cómo se pasan).
  • Hacer actividades nuevas/conocer más gente: Es hora de salir de la zona de confort (por quincuagésima vez) y apuntarme a nuevas actividades o grupos que me interesen. El otro día fui a un evento de idiomas de glocals.com y estuvo entretenido, la verdad. Para mí es importante, primero porque es sano y me siento realmente mucho mejor después de estar un rato con gente y charlar, y luego para no darle tanto la brasa a Maromo, que se ha buscado sus aficiones aquí sorprendentemente bien, y yo debo hacer lo propio para que cada uno tengamos nuestros intereses.
  • Planear viajes: Antes de que sean muy caros o ya no tenga tiempo para hacerlos. Me gustaría enseñar Berlín a Maromo (además allí tengo casa de una amiga) o ir a Holanda, que me llama mucho. A casa no pienso volver hasta que mi madre termine la reforma de mi habitación y la cocina.

En otro orden de cosas, al cambiar mi permiso de conducir español por el suizo, tuve que ir a una revisión de la vista en una óptica. Era algo que yo entendía rutinario, y que no me preocupaba porque siempre he visto muy bien -y el oculista me lo decía-. El problema empezó cuando el señor de la óptica me tapó un ojo y me dijo, “¿Dónde está el punto?” a lo que contesté “¿Qué punto?”. Juro por el Matterhorn que no veía un carallo, y es que resulta que tengo miopía en el ojo derecho (no mucho, y globalmente veo bien gracias a mi ojo izquierdo, que sigue siendo súper-ojo), pero me indicó este buen señor que lo suyo era hacerse un chequeo y ponerme gafas… Así que tras aguantar los años de carrera frente al Autocad viendo como los demás empezaban con gafas y yo no… me ha llegado la hora. Mañana voy al oculista (En Francia of course, cualquiera paga un oftalmólogo suizo), y habrá que escoger mi look gafil.

Se despide cuatro ojos! XD

*Estas son las galletas de dinosaurios que mi madre metió de contrabando en el coche al salir de España. Son adictivas!

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