Vecinas amables, mecánicos malajes y la dieta maromil

El lunes empecé la dieta que me recomendó una amiga nutricionista de España. Estamos a jueves y calculo que ya habré perdido al menos cuatro días (jajaja, si no hago este chiste reviento). La verdad es que no es una dieta súper estricta; hay variedad, y contiene dos puntos que me cuesta horrores cumplir, pero que de momento estoy haciendo bastante bien: no comer pan (sólo en el desayuno) y tomar mucha fruta (no me gusta la fruta!). La idea es ir cambiando volviendo a los hábitos de comer sano que había conseguido antes de volver a tener pareja. 

Porque sí, queridas: los maromos engordan. Bueno, en mi caso, engordo yo. Una que es de buen comer, como me “ajunte” con un glotón, pues voilà, a jalar sin control, y claro, mi metabolismo no es el suyo, que el maldito buen mozo se come tocino frito en manteca, y se queda igual. Injusticia.

Volviendo a la dieta, lo curioso es que hay algunas cosas que aquí no hay, lo principal: Queso fresco (tipo de Burgos) y gaseosa/casera (para tomarse un “tintito de verano”, que la birra ha quedado prohibida, de momento), o al menos, yo no los encuentro. Incluso he preguntado en el típico grupo de “españoles en Ginebra”, quienes me han confirmado que si quiero queso fresco, que vaya a Burgos.

Otra cosa que me trae de cabeza esta semana es todo lo relacionado con legalizar el coche que traje de España. El papeleo que conlleva es una movida (importación, homologación, matriculación), y luego está el reto de enterarte de lo que te explica cada uno a cada paso del tema, porque hay unas cuantas variantes y no es todo ABC. Lo único que me consuela es que si tuviera que hacer esto en un cantón alemán, ya me habría cortado las venas.

  
Hoy, en uno de esos millones de pasos, tenía que averiguar la manera de obtener una “fiche d’entretien du système antipollution”. He ido a tres mecánicos que me han dado instrucciones confusas, y el último -y el que parece que lo hará- era un pedazo de malaje vivo, que desde que llegamos a preguntar estuvo maldiciendo -sin que entendiéramos mucho-, y parecía que me estaba salvando la vida… Me han dado ganas de coger los papeles y decirle “mire usted, ya me busco la vida por otro lado”, pero como no sé tanto francés como para sonar sarcástica y la verdad es que tampoco sé quién más lo puede solucionar, me he quedado calladita con cara de Póker.

Añoro los tiempos de mi mecánico amigo, Walter Wong.

Para rematar la semana cocheril (me permito inventar este término), una vecina golpeó mi coche con el suyo en un ataque de yodling motorizado, y le rozó un poco, la verdad es que no me di ni cuenta, hasta que mi casera (a.k.a. La loca del wifi), me llamó diciendo que la vecina intentaba buscar al dueño del coche español para arreglarle el golpe, que si era mío.

  
Así que así fue como conocí a Mrs. Clark, inglesa del mismo Reino Unido, que amablemente me ha dado todos los datos y la cita con el taller para que le arreglen la esquina al bólido. Anda que en España te van a buscar para darte los datos del seguro… Pues a mí ya me ha pasado dos veces.

Un día en Gruyères

Aprovechando que volvemos a tener coche y que hacía mejor tiempo, decidimos salir de excursión al pueblo de Gruyères, en el cantón de Friburgo. Está a una hora y media en coche desde Ginebra, y las carreteras son buenas (todo autovía menos la pequeña carretera final de acceso). Una vez allí, hay varios aparcamientos grandes gratuitos (ou yeah), y el pueblito en sí es muy pequeño y peatonal.

 

Gruyères en el mapa

 
La noche anterior estuve viendo qué era lo más significativo para ver en la zona, y según leí, los highlights son:

  • Château de Gruyères 
  • Maison de Gruyères (fábrica de queso)
  • Museo H.R. Giger
  • Museo tibetano
  • Maison Cailler (fábrica de chocolate)

Dado que el horario de todo esto era de 10-17h, con la última entrada en algunos sitios a las 16h, no nos iba a dar tiempo a todo. Como a Maromo no le gusta el queso (!), y el museo del Tíbet no me atraía mucho, decidimos ver el resto.

Primero hicimos una paradiña en la oficina de turismo, que está a la entrada peatonal del pueblo, donde nos dieron la información sobre lo que queríamos visitar, y aproveché para ir al baño en una de esas casetas prefabricadas, como las que vemos en los festivales. Inciso: Los baños en Suiza están muy limpios. Flipo de que siempre haya papel, siempre estén bien… Acostumbrada a los baños de bares o a los de festivales (estos ya, ni te cuento) de España, esto es, sin duda, un minipunto para los Suizos.

Château de Gruyères

Vista del jardín francés

El Castillo está bien conservado y muy enfocado a ser visitado. Primero puedes ver un vídeo que explica la historia del lugar de manera amena (con audioguías en muchos idiomas, incluido español), y luego ya pasas a las dependencias. La visita se hace entretenida y dura aproximadamente una hora y media. El recorrido es lógico, vas pasando de una estancia a otra sin repetir (esto parece obvio, pero en muchos monumentos no es así. Me da tela de coraje visitar un sitio y pasar veinte veces por el mismo punto…), y tiene unas vistas chulísimas del valle que lo rodea.  

Vivir en un fondo de escritorio de Windows es posible aquí

Dentro, me sorprendió una exposición de arte fantástico contemporáneo, las “pintadas” sobre algunas paredes de épocas anteriores, y el escudo del pueblo de Gruyères, que es una grulla! 

Exposición de arte fantástico

 

Una de las obras

 

Pintadas de antaño. Al menos la caligrafía era mona!

 

La grulla, símbolo del escudo de Gruyères

 

Museo H.R. Giger

Al salir del castillo, se me acercó un hombre con su familia, y me dijo: “Parlez-vous Français?”, le dije “Un peu”, y me dice en español “Pues dame 100 francos”, a lo que contesté “Pero español, perfectamente”, jajaja. Lo que quería es que les hiciera una foto, pero iba de graciosillo… Ay campeón, cuidado que por estos lares no se sabe de dónde es la gente!

Tras este pequeño inciso, nos dirigimos al museo H.R. Giger… ¿Y quién es este buen hombre? Pues nada menos que el creador de toda la estética de las películas de Alien, y ganador de un Óscar por ello en 1980. Resulta que el señor era de Chur, capital del cantón de los Grisones (Por lo visto Chur en Español es “Coira”), y tras relacionarse con Salvador Dalí y con Alejandro Jodorowsky, entró de la mano de este último en el mundo del cine, diseñando la criatura de Alien a partir de sus diseños de seres fantásticos.

 

A la entrada del museo te esperan estos señores extraños

  

Escultura a la entrada del museo. Parece que tiene frío.

 

El museo en sí es bastante siniestro, las obras son principalmente lienzos muy grandes al aerógrafo, con diseños de tema fantástico-tenebroso. Hay un apartado “no apto para niños”, con otras obras de tema más bizarro, que la verdad es que daban bastante grima, jajaja.

Lo que nos moló fue el bar del museo, donde hicimos el tentempié de medio día tomándonos una hamburguesa y una cervecita. Para ser Suiza, no era muy caro (hamburguesa pelá, 9CHF, birra pequeña 4CHF). Había muchos restaurantes turísticos por alrededor, recomendables para tomar fondue o raclette, pero como queríamos algo rápido y no muy caro, nos sirvió. Además aprovechamos para hacer fotos dentro, la estética lo merecía.

El interior del bar

No le faltaba un detalle

Maison Cailler (Fábrica de Chocolate)

Y después del paseíto por Gruyères, nos encaminamos a Broc, a unos diez minutos en coche, donde se encuentra la fábrica de chocolates Cailler, que se fusionó con Nestlé en los años 30. Aquí nos lo pasamos como enanos. La visita incluye un tour que explica la historia de la compañía, cómo se fabrica el chocolate, y te dejan ver una línea de producción de las famosas barritas “Branches Cailler”.
 

Aunque haya de varios colores, son todas iguales

 

Me encantan las maquinitas de las fábricas, me quedo embobada:

En el camino te van dando a probar chocolatinas, y con la choco-guía (una audio guía en forma de tableta de chocolate) vas escuchando las explicaciones de cada paso. En el último pasillo, había que coger una chocolatina para que te enseñarán a “catarla”. En las instrucciones empezaron a decir: “Coja una chocolatina y ábrala. No se la coma”. ERROR. Ya me la había comido! Jajaja, cogí otra y a empezar de nuevo.

Lo mejor de todo: Al final había un stand con todas las variedades de chocolate que tenían y podías coger todo lo que quisieras. Debo decir que no pude probarlos todos, porque me engollipé (palabra andaluza 100%) y ya no me entraba ni un bombón más. Maromo se comió por lo menos 20 bombones, y claro, luego fue con fatiguita a la vuelta.

El paraíso

La bienvenida a los nuevos habitantes de Ginebra

El otro día estuve con Maromo en un acto de bienvenida a los nuevos habitantes de la Ville de Genève. Hubo un discurso de la alcaldesa, testimonios de un par de personas que llegaron hacía más de 20 años a la ciudad, una actuación de un grupo de música, un simpático photocall donde podías hacerte una foto con un cartel de bienvenida en muchos idiomas, y varios stands de información sobre los servicios de la Ville de Genève.

 

La alcaldesa de Ginebra y sus coleguitas

 

Nos dieron también información sobre las actividades culturales, deportivas, nos regalaron guías de viaje, mapas, libros de cultura general Suiza (uno sobre instituciones políticas Suizas y otro sobre lo mismo, a nivel cantonal).

Me pareció un acto muy útil y entretenido, que sirve realmente para integrar mejor a los nuevos inmigrantes del cantón. Según comentaba la alcaldesa, el 49% de los habitantes de la ciudad son extranjeros, ¡una pasada! Muy diferente al ambiente de mi pueblo gaditano…

La primera vez que hablé con un extranjero, fue en el colegio, en 3º de E.G.B., cuando llegó a la clase un extraño pelirrojo lleno de pecas que en el primer dictado escribió: “Las otcho provinsias de Andalusia son: Welva, Cadis….”. Era de Colorado, y tenía cara de Mickey Mouse. El pobre no hablaba ni papa de Español, y al principio nadie de la clase interactuaba con él, salvo la maestra de inglés, que lo usaba para los dictados. Me acuerdo que un día me dije “algo le tengo que decir a este” y estuve súper concentrada pensando una frase para preguntarle. Al final, un poco de sopetón, le di en el hombro y le dije: “How many brothers or sisters have you got?”, con el sudor cayéndome del esfuerzo. Y es que en mis tiempos, ese fue el año en que empezábamos a estudiar inglés, con 8 años, así que llevaríamos como dos semanas de clase. Me contestó “one brother”, y siguió hablando, pero ya no le entendí, jajajaja.

Yo creo que por ahí sería cuando me entró el gusanillo de aprender otro idioma y poder entender a otros seres guiris como mi compi y también descifrar lo que decían las canciones que escuchaba -me sabía toda la banda sonora de Grease pero tipo “aguachuuuuu, güonchufladerrrrr”, lo mismo hablaba de la guerra de sexos o del ornitorrinco peludo, que yo no entendía ná de ná-. La verdad es que leyendo letras de canciones e intentando descifrarlas, se aprende bastante.

En fin, ese alto porcentaje de extranjeros en Ginebra explica también la tirria que algunos de los Ginebrinos de toda la vida -que alguno habrá-, nos tienen a los extranjeros. Supongo que en algún sentido lo vivirán como una invasión, no sé. Aquí se vive en paz generalmente, pero en los comentarios de Facebook de periódicos locales siempre hay comentarios bastante racistas o despectivos hacia los extranjeros y hacia los frontaliers (gente que vive en Francia pero trabaja en Suiza), lo cual me parece un poco hipócrita, pero creo que eso será tema de otro post 😉

El día que me regalaron una mesa de 500CHF

Ginebra es una ciudad donde la gente se está mudando continuamente, y donde los apartamentos no suelen estar amueblados. Esto da lugar a un chorreo infinito de gente teniendo que vender muebles, y gente teniéndolos que comprar. 

Cuando llegué en Abril al nuevo apartamento, tuve suerte de que tenía lo básico, así que lo único que compré fue un pequeño sofá cama para las visitas y un escritorio más la correspondiente silla para trabajar. El famoso Home Office.

Desde que vino Maromo, necesitamos más espacio para poder guardar bien la ropa (y dejar de ponerme siempre los mismos tres jerséis porque son los únicos que veo), pero como tampoco tenía claro dónde podíamos meter más muebles o cómo, lo iba dejando pasar. A la vuelta de Navidad, estaba claro que necesitábamos un armario como el comer, y redistribuir un poco el estudio, porque nos trajimos también la TV y mi amueblamiento espartano no daba para más.

Así que, de manera clásica, entré en la web de IKEA para ver qué armarios había por ahí; La verdad es que por 100 pavos tienes un armario la mar de apañado, y alguna cómoda donde guardar muchas cosas y poner la TV encima no era tampoco mala idea. Me hice mis cuentas mentales, y ese día me fui a una entrevista de trabajo en a-tomar-por-saco, así que me fui en coche.

La lié aparcando y me cascaron una multa de 120CHF. Mecagüenmivida. ¡Mi armario a la basura! Ya sé que no tiene nada que ver una cosa con la otra, pero para el dinero, a veces soy así. Pienso “Me voy a gastar 120CHF en un armario” y luego pierdo una cantidad equivalente en algo que no tiene nada que ver, y pienso “pues esto era el dinero del armario y ahora tengo que pagar la multa”. Como una especie de “auto castigo”. En fin, esto lo dejo para cuando me psicoanalicen.

El caso es que ese día se me quitaron las ganas de ir a IKEA. Maromo sugirió que fuéramos a visitar algún Brocante (Tiendas de segunda mano), por si sonaba la flauta, total, no teníamos prisa. Visitamos un par de ellas: El Brocante La Fouine de Cáritas y el Brocante La Renfile Plan-les-Ouates, propiedad del Centro Social Protestante. Debo decir, que, por definición, un lugar lleno fundamentalmente de TIESTOS es un lugar que no me gusta un pelo. Y ciertamente, la mayoría de las cosas eran muebles u objetos que jamás compraría estando en mi sano juicio, pero si eres un nostálgico o tienes suerte, puedes encontrar cosas curiosas. Echamos un vistazo, y la verdad es que había algunas cosas incluso de IKEA a 1/4 del precio original y en buen estado, pero ninguna que nos viniera bien.

Esa tarde me dio por mirar los anuncios por palabras online, ya que igual que en España he vendido un montón de cosas en webs como la de www.segundamano.com, en esta zona también deben de funcionar bastante. Consulté www.anibis.ch y www.petitesannonces.ch, que por lo visto son los que lo petan en la Suisse Romande.

Y de repente, voilà!: “Se regalan armarios blancos  a recoger en Jonction-Cirque”, con una fotito de los típicos armarios de IKEA blancos que me harían tó el apaño. ¿Regalados? Por probar… Le envié un mensaje a la chica y me dijo que si podíamos ir esa tarde, y yo, que claro que sí. Me dijo que uno de ellos tenía una pata regular y que la barra se había roto, pero que los otros estaban perfectos. Pensé, no tengo nada que hacer, lo peor es que no me sirvan y los tenga que tirar yo… Así que, mi fiel escudero y yo nos dirigimos en la gélida noche al piso de la chica con el coche. Llegamos y allí estaban, tal y como decía la chica: los dos pequeños perfectos, el grande necesitaba un pequeño arreglo. Los desmontamos como profesionales del bricolaje para sorpresa de la chica -nena, he montado tantos muebles de IKEA que podría escribir yo las instrucciones-, y los cargamos (bueno, Maromo los cargó mientras yo desmontaba), y pa casa! 

 

Armarios montados

 
Tras una visita a Leroy Merlin y unos 18€, ¡toma 3 armarios estupendos que me agencié!. Más contenta que unas pascuas y por coste mínimo (que no es que no pueda permitirme un armario, pero lo gratis tiene como ese gustirrinín, y oye, mejor reciclar que tirar).

Así que a mí eso de los muebles gratis me estaba pareciendo tan estupendo que empecé on fire a mirar si habría algo más así que nos pudiera servir. Y, a los dos días, veo un post en Facebook: “Mesa de escritorio en perfecto estado gratis, precio nueva 500CHF, a recoger”. What? La peña está loca o qué? Le mandé un mensaje como a los 30 segundos (la mesa molaba mil), y me dijo que su hija había empezado a aprender piano, habían metido un piano en la habitación y la mesa no les cabía. Pues nada chica, necesitarás que te la recojan pronto, no? Pues mañana estamos allí el Capitán Planeta y una servidora, faltaría plus.

Así que ayer casi sin creérnoslo llegamos a su casa, nos abrió el garaje, y allí estaba esa preciosa mesa de diseño (Esta mesa exactamente), que cuidadosamente metimos en el coche, y a la saca. Esta chica era española y llevaba ya como 15 años en Ginebra. Me dijo “ya ves, es que no nos cabe, y yo tampoco sabría venderla ni qué pedir por ella” (será mi mentalidad de pobre, pero la mesa está perfecta, fijo que la hubiera vendido).

 

Mi flamante mesa nueva

 
Ya me contó un compañero en clases de francés, que los suizos a veces son así y como no les hace falta pasta, sueltan cosas que ni te imaginas. Me contó que a él le habían regalado UN COCHE casi nuevo (como 20.000km), del padre de una compañera de trabajo de su mujer (ojo al dato), porque el señor estaba mayor para conducir. El chico, que era colombiano, me dijo: “en mi país no me darían gratis ni maíz”, jajaja!

Total, que mi madre me ha dicho “hija, así te acabas amueblando la casa gratis”. Y oye, que en cualquier momento encuentro la cómoda, que es lo que me falta 😉

2016 Suizo

La vuelta a Suiza después de las vacaciones ha sido un poco accidentada: además de mis problemitas en la piel, que no se termina de curar, en la primera semana después de volver de España:

– Me resfrié

– Me caí en la calle en toda mi largura, dejándome las rodillas y las manos como cuando era cría

– Me quemé con un cacharro demasiado caliente que sacaba del micro

– Tuve -tengo- una conjuntivitis en un ojo

Ah! Y en las vacaciones habré cogido como 6kg a base de croquetas suegriles y arroces maternos.

Lo bueno es que esta situación SÓLO PUEDE MEJORAR, jajaja, y las mejoras sólo pueden producirse si decido cambiar cosas. Ayer fue mi último día de ¨trabajo¨en la empresa española, y el lunes comienza oficialmente la búsqueda de trabajo en lares  helvéticos. Da canguelo pero es también mi oportunidad de mejorar, ya que he conseguido llegar hasta aquí, tener casa, tener permiso, retomar el idioma, que venga Maromo… Como soy impaciente por naturaleza, sé que tendré momentos de desesperación cuando no consiga lo que quiero en un plazo razonable para mí (es decir, YA), pero espero aprender a capearlos más o menos.

Decidir no volver a España, aún teniendo oportunidades -he de decir que tampoco las mejores del panorama, pero opciones había-, es en realidad lo que me pedía el cuerpo ahora, y lo que también mis amigos y familia me han aconsejado en mi situación. Para mí, el vivir fuera de España, integrarme en otras culturas, en otros idiomas, ha sido siempre algo que he querido experimentar, y cuando estuve en EE.UU. estuve feliz en ese sentido porque al fin tuve la sensación de haber conseguido estar allí y ser parte del cotarro. Y eso es lo que me da como subidón (a otros les da por otras cosas, pos a mí me va lo guiri, qué le vamos a hacer).

No es sólo cuestión de que aquí la calidad de vida -en términos económicos- sea mejor, o haya más opciones de encontrar un trabajo digno, es también ese gusanillo de haber comprendido una cultura nueva. Mi existencia es limitada, y no sé cuántas oportunidades más voy a tener así, así que he pensé que si no lo intentaba, me iba a arrepentir… Y aquí estoy. Me puede salir mal, claro, pero lo peor que puede pasar es que no encuentre nada en un año, y me vuelva a España, que va a seguir estando ahí. Pero, ¿Y si me sale bien? Podré crecer profesionalmente, ahorrar, y cuando pase un tiempo intentar volver en mejores condiciones (con más experiencia, con ahorros, con la vivencia de haber estado aquí unos años).

Toca ser constante y no perder la paciencia. Y ponerse a dieta.

Feliz año nuevo!