Cádiz

Yo no nací en Cádiz, nací en Jaén, pero los Gaditanos nacemos donde nos da la gana. Cádiz es ese olor a choco frito y a pescado riquísimo, es ese grito de “Quilloooo” que se cruzan dos que se encuentran por la calle, esa brisa de poniente al caer la tarde. Las playas infinitas, de arena fina, que en algunos lugares siguen sin estar sobreexplotadas por culpa gracias al viento de Levante, que ahuyenta a los veraneantes más atrevidos. Es poder quedar con alguien hoy mismo, cambiar el plan en el último momento porque te enteras de que hay una feria en algún sitio. Es salir a las ocho de la tarde, con el pelo mojado, a tomar un tinto de verano en la playa. Son las albóndigas de choco, las tortillas de camarones, el Carnaval. 

Pero Cádiz es también esa estación de RENFE a donde llegas con tu billete electrónico pero tienes que hacer cola en la ventanilla para que te abran la entrada, y al final da igual haberlo comprado por internet que con un ábaco de madera. Es ese policía local que se queja de la corrupción pero te cuenta que imprime todos los libros de la universidad de su hija en la comisaría porque allí “es gratis”. Es ese tranvía de chopocientos millones de Euros que sabes que nunca será rentable y que dudas que llegue a funcionar. Es un 40% de paro, pero lleno de instaladores de aire acondicionado, albañiles, fontaneros, jardineros y electricistas que no te dan una factura ni a tiros. Es esa chica que se decide a estudiar contabilidad en lugar de márketing aunque le atrae más lo segundo, porque “es en Jerez, y contabilidad es en Cádiz, e ir todos los días hasta Jerez sin estar segura…”.


Cádiz es a donde siempre me gusta volver pero donde no podría volver a vivir. Unos días son estupendos, unas semanas incluso, siempre que haya fecha de salida. Es el lugar donde relajarse, perder el tiempo, pasear, disfrutar del sol y de la familia. Pasar por la puerta de tu antiguo instituto y que parezca que aquello fue hace un siglo. Es ver al hijo del vecino que ha terminado la carrera y que iba al cole cuando te fuiste. Es despedirte cada vez con la pena de querer quedarte un poco más pero sabiendo que no querrías quedarte demasiado.