El caso del huevo

Cuando busqué piso, mi prioridad era que los compañeros fueran abiertos y hubiera buen rollo entre nosotros. Era mi prioridad, por encima de cómo fuera el piso o cualquier otra cosa, y estoy contenta de que eso se haya cumplido. Las chicas son un encanto y tienen muchas cosas buenas, pero, como parece ser factor común en los compañeros foráneos de los otros españoles aquí… no son precisamente Mr. Propper.

Cuando uno llega a un sitio nuevo, lo normal es que se adapte al sitio, y no pretenda que el sitio se adapte a él (al menos es la forma lógica), así que cuando llegué, tuve que reprimir mi instinto de coger un estropajo y limpiar como si no hubiera un mañana para que no me tomaran por loca. Sobre todo, en la cocina. Así que, de vez en cuando, aprovechando alguna hora muerta, iba sacando mi bayeta de contrabando (bayeta: ese gran desconocido aquí, junto a la fregona, la cual ando en trámites de conseguir) y atacando al germen estadounidense que habitaba la mayor parte de superficie de mi cocina. En plan guerrilla, para que no se notara mucho.

La nevera era una de las zonas francas que no había podido atacar, y, ciertamente, había un tufillo sospechoso que indicaba la necesidad de meter las tropas limpiadoras. Así que, con premeditación y alevosía, aprovechando la huida de mis queridas coinquilinas a diversos lugares, me dispuse a surcar las baldas y cajones de la típica nevera americana de dos puertas.

Todo iba sobre ruedas hasta que… WTF? ¡Un huevo cascado y derramado TAL CUAL al fondo de la nevera! Me imagino la situación… huevo que rueda… y… «plof» (Nota: Un huevo que se cae y casca, SUENA). Pensarían… «bah, ahora, YA SI ESO, quito el huevo…», y eso pasaría aproximadamente en 2009. En fin, lo que no mata engorda.

Mi silenciosa lucha por la limpieza me ha llevado a darme cuenta de algunas cosas de aquí que me parecen un atraso, como el tema de las bayetas (en su lugar restriegan la encimera con un paño mojado que luego no se seca ni a la de tres), o la ausencia de fregona (ignoro si alguna vez limpian el suelo de las zonas sin moqueta, por ello lucho por conseguir una fregona por menos de $20), o el «AJAX en polvo» que usan para limpiar, que me parece algo digno del Pleistoceno medio.

1

Y es que tengo tele por cable con EXACTAMENTE 1.481 canales, pero no tengo UNA LAVADORA EN MI CASA. ¡Cambiaría 1.450 canales por una lavadora! Tengo que bajar al garaje, donde hay una lavadora y una secadora que funcionan con quarters ($1.25 lavar, $1 secar), y tengo que meter todo en la secadora porque no se puede tender en ningún lado… ¡Con el sol que hace aquí!

Ayer lunes fue el «President’s Day», y como tuvimos puente, aprovechamos para visitar San Diego, al sur de California, y a apenas 20 minutos de Tijuana. En breve subiré fotitos y un post sobre la ciudad, que, la verdad, me gustó mucho y seguro que vuelvo 😉

Muerte a los tiestos

Odio los trastos. Es un hecho. Lo peor es que mi madre tiene esa insana costumbre de acumular sin control, y tengo comprobadísimo que da igual lo ordenado que yo deje cualquier parte de la casa… en unos meses vuelve a ser colonizada por un cúmulo de tiestos, en su mayor parte, inservibles.

El cúlmen de este hecho es que en mi casa hay un garaje, en el cual, debido a la cantidad de trastos, nunca ha cabido el coche. Y ahora me veo en la necesidad de guardar mi coche un año, porque venderlo no me sale rentable, llevármelo es inviable, y porque no quiero tenerlo en la calle -y menos teniendo un garaje-.

Mi filosofía es que si no has utilizado una cosa en los últimos 6 meses, seguramente puedes deshacerte de ella. Puedes venderla o regalarla a alguien que le vaya a dar uso. Hay algunas excepciones, pero en general funciono así. Una época de muchas mudanzas me hizo cambiar el chip, me di cuenta de la cantidad de mierdas que transportaba de un sitio a otro y del esfuerzo que suponía, además de la carga mental. Así que cuando recibo algo nuevo que sustituye a algo que tengo, vendo o regalo el anterior. Mis hermanos y mis padres no son así, son más de acumular… y a mí el ver un cajón con un discman, un walkman y un ipod sin usar me pone mala.

Puedo llegar a ser un poco radical, la verdad, y tampoco le pido a los demás que hagan como yo, que he tirado todos los apuntes de la carrera (tengo amigas que guardan hasta cuadernos del cole). Para mí las cosas no tienen más valor que el «servicio» que me dan en determinado momento. No tengo apego por las cosas y estoy orgullosa de ello.

Total, que mi tarea es conseguir hacer hueco suficiente para el coche, lo cual supone deshacerse de muchas cosas que además no son mías (de esas ya me he ido deshaciendo yo), y va a ser una lucha doméstica de las buenas.

Mi madre se acojona cuando digo que voy a «hacer Zen», que es mi código para hacer limpieza. Esto no ha hecho más que empezar.

¿Y vosotros, sois de acumular cosas o preferís el minimalismo?