Coche inmigrante, peligro andante

Aviso de que escribo este post en un momento de furia interna y externa hacia los trabajadores del Servicio de Automóviles del Cantón de Ginebra. Les deseo un picor de ojete extremo que les imposibilite la concentración en cualquier tarea durante al menos, dos horas. Pienso que es uno de los castigos inocuos más molestos que pueden existir. Práctico, inocuo, y molesto. 3 en 1.

Este sentimiento proviene del hecho del pejiguerismo al que me estoy enfrentando a la hora de legalizar mi pequeño coche en este también pequeño país helvético.

Traer un vehículo propio de España tiene varios pasos aquí*:

  1. Importarlo: Como Suiza no forma parte de la UE, es necesario legalizar la situación con respecto a la aduana. Al traerlo como «efecto de mudanza», este coste es de sólo CHF 20 y luego tengo hasta un año desde que llegué al país para matricularlo en Suiza. Esto fue relativamente fácil y solo cuestión de llevar muchos papeles.
  2. Matricularlo en Suiza: Aquí empieza lo bueno. Para poderlo matricular, el coche debe cumplir con la legislación vigente con respecto a emisiones, características técnicas, etc. En resumen he necesitado:
    1. Buscar un seguro suizo que se comprometa a asegurarme. Check.
    2. Sacar el «carnet antipollution», tras visitas a distintos talleres y tratar con el señor más desagradable de los talleres mundiales en francés de lepe. Check.
    3. Pasar la visita técnica (como la ITV). Error. Aquí me he quedado hoy.
    4. Pagar las nuevas placas.
    5. Darlo de baja en España (Esto da para otro post).

¿Y por qué no ha pasado mi pequeña voiture la puñetera visite technique? ¿Acaso un peligroso estado de los neumáticos? ¿Peligro de muerte por llevar un Elvis de cabeza balanceadora en la bandeja trasera? ¿Algún CD de Camela en su interior? ¿Tapicería de Leopardo?

No. Es que tiene sucio de grasa el chasis y el motor, y así el pobre hombre se mancha y no ve bien el estado del mismo. Tócate los santos ovarios. Ahora un mecánico necesita tener el motor de un coche más limpio que la encimera de casa (yo limpié por encima lo que vi con un cepillo, pero vamos, que los coches tienen grasa por defecto y la ITV la pasó).

Eso y que un taller debe medir el desgaste de los discos de freno y decirme si debo cambiarlos. ¡¡¡¡Pues mídelo tú y me dices si los tengo que cambiar, que pa eso me has cobrado CHF 200 por la genial visita técnica!!!!

Me cabreo porque me parece una pijada y ganas de sangrarme más pasta por un coche que está perfecto, tiene 5 años de uso, no es una tartana peligrosa de 20 años ni vengo del Congo con un jeep de safari (con mis respetos a los Jeeps congoleños, pero es que el polvo de la sabana seguramente obstruya cosas).

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Así que lo he dejado en un taller donde limpiarán con esmero y amor el motor para deleite de mi hamijo el señor de bata blanca del Servicio de Automóviles por unos CHF 100 de nada. Espero ver reflejado mi rostro en la tapa del motor.

*Luego están los que viven en Suiza 5 años, o 10, o 20, y dejan el coche con la matrícula de Eslovenia y se quedan tan panchos (true story). Todo esto por ser legal.

Vecinas amables, mecánicos malajes y la dieta maromil

El lunes empecé la dieta que me recomendó una amiga nutricionista de España. Estamos a jueves y calculo que ya habré perdido al menos cuatro días (jajaja, si no hago este chiste reviento). La verdad es que no es una dieta súper estricta; hay variedad, y contiene dos puntos que me cuesta horrores cumplir, pero que de momento estoy haciendo bastante bien: no comer pan (sólo en el desayuno) y tomar mucha fruta (no me gusta la fruta!). La idea es ir cambiando volviendo a los hábitos de comer sano que había conseguido antes de volver a tener pareja. 

Porque sí, queridas: los maromos engordan. Bueno, en mi caso, engordo yo. Una que es de buen comer, como me «ajunte» con un glotón, pues voilà, a jalar sin control, y claro, mi metabolismo no es el suyo, que el maldito buen mozo se come tocino frito en manteca, y se queda igual. Injusticia.

Volviendo a la dieta, lo curioso es que hay algunas cosas que aquí no hay, lo principal: Queso fresco (tipo de Burgos) y gaseosa/casera (para tomarse un «tintito de verano», que la birra ha quedado prohibida, de momento), o al menos, yo no los encuentro. Incluso he preguntado en el típico grupo de «españoles en Ginebra», quienes me han confirmado que si quiero queso fresco, que vaya a Burgos.

Otra cosa que me trae de cabeza esta semana es todo lo relacionado con legalizar el coche que traje de España. El papeleo que conlleva es una movida (importación, homologación, matriculación), y luego está el reto de enterarte de lo que te explica cada uno a cada paso del tema, porque hay unas cuantas variantes y no es todo ABC. Lo único que me consuela es que si tuviera que hacer esto en un cantón alemán, ya me habría cortado las venas.

  
Hoy, en uno de esos millones de pasos, tenía que averiguar la manera de obtener una «fiche d’entretien du système antipollution». He ido a tres mecánicos que me han dado instrucciones confusas, y el último -y el que parece que lo hará- era un pedazo de malaje vivo, que desde que llegamos a preguntar estuvo maldiciendo -sin que entendiéramos mucho-, y parecía que me estaba salvando la vida… Me han dado ganas de coger los papeles y decirle «mire usted, ya me busco la vida por otro lado», pero como no sé tanto francés como para sonar sarcástica y la verdad es que tampoco sé quién más lo puede solucionar, me he quedado calladita con cara de Póker.

Añoro los tiempos de mi mecánico amigo, Walter Wong.

Para rematar la semana cocheril (me permito inventar este término), una vecina golpeó mi coche con el suyo en un ataque de yodling motorizado, y le rozó un poco, la verdad es que no me di ni cuenta, hasta que mi casera (a.k.a. La loca del wifi), me llamó diciendo que la vecina intentaba buscar al dueño del coche español para arreglarle el golpe, que si era mío.

  
Así que así fue como conocí a Mrs. Clark, inglesa del mismo Reino Unido, que amablemente me ha dado todos los datos y la cita con el taller para que le arreglen la esquina al bólido. Anda que en España te van a buscar para darte los datos del seguro… Pues a mí ya me ha pasado dos veces.

Car Madness #2 & Santa Monica

Un mes y seis días, coincidiendo además con el bonito día de Andalucía, conseguí comprar un coche [aplausos]. Al día siguiente, va un camión y se choca con el coche marcha atrás [fail].

Sigo coleccionando historietas para contar a mis nietos, como la cosa siga así, tendré que meterlas en un pendrive o algo… El caso es que tras aprender a hacer búsquedas súper elaboradas en craiglist (el cambalache nº1 en USA) para encontrar coche, harta de la vida, mandé un e-mail a uno de ellos mientras desayunaba. Resulta que me contestó y que podía ver el coche esa misma mañana. Me fui para allá (1h de bus) y probé el coche. Iba bien. Le dije al dueño (un indio más o menos de mi edad, de nombre impronunciable), que si podía llevarlo a Walter, mi ya cuasi padre-mecánico. Accedió, fuimos y «el carrito estaba bueno». Casi llorando de emoción, le pagué el coche y fuimos a cambiar todos los papeles a la DMV (tráfico de aquí), con sendas esperas de hora y media en el mecánico y por el estilo en la DMV.

Así que en 3h de espera, el chaval y yo nos contamos las respectivas vidas, me recomendó bares, le recomendé sitios de España, me contó cosas de India, en fin… ya no sabíamos qué contarnos, jaja, menos mal que el chaval era simpático, porque si me toca un sieso me hubiera cortado las venas.

Arreglé el seguro también, y por la tarde fui a recoger el coche. Mi paseo inaugural pasó por el 99 cent, que es una cadena de tiendas donde venden de todo por 99 cent, y cuando digo de todo, es de todo. Desde comida, detergente, cargadores de móvil… Me han comentado que llevan ahí excedentes de las otras cadenas de supermercados, y que por eso los productos van cambiando y no son siempre los mismos. La verdad es que compré cosas que había comprado de la misma marca y características (tipo galletas, café instantáneo) por más del doble o el triple en alguno de los típicos supermercados de aquí (Ralphs, Trader Joe’s, Vons). Mi gozo máximo fue vislumbrar una FREGONA por $1. Encima, de lunares!!! Fue un auténtico momento de éxtasis.

Celebramos con unas cervezuelas y algunos «Spanish Summer Wines» la llegada del bólido a nuestras vidas, y creo que ayer fue el día en que dormí mejor del último mes.

[Fundido en negro. Viernes 8,30 AM]

Hoy me levanté dando un salto mortal, y enérgicamente recogí a mi compañera para ir a la oficina. Ella necesitaba ir al mecánico para llevar un coche, así que la acerqué. Estando el coche aparcado correctamente en la entrada del taller, va un camión de reparto de nosequé, da marcha atrás y ZASCA, me hunde un trozo del capó y se carga la rejilla del radiador. OLE, OLE Y OLE. Yo no ví el golpe en sí, sino que el conductor del camión entró en el taller, donde estaba yo, y me buscó para decirme que me había dado un golpe sin querer, que lo sentía mucho, y que saliera por favor para intercambiar la información de los seguros. IGUALITO QUE EN ESPAÑA. No sé si será la presión social de que alguien lo hubiera visto y le denunciara o me lo dijera, o la buena voluntad intrínseca en el señor, pero lo cierto es que eso, en España, no pasa. Te dan un golpe estando aparcado, y se piran.

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Camión maligno

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Estado del bólido

Llamamos a Walter (el mecánico) para que saliera y me dijera si tenía que hacer algo especial, porque aquí no se rellena un parte ni nada, te cambias los datos del seguro, haces fotos y reportas el accidente a tu compañía, que se encargará de reclamarle a la otra los daños. El hombre estaba muy apurado y casi temblando, y me daba hasta penica. Nos cambiamos los datos, hicimos fotos del «incidente», y me dijo Walter que fuera dentro cuando acabara.

Así lo hice, y cuando entré me dijo Walter: ahora siéntate que te explique. Yo con este tío es que me mondo, se sabe todas las triquiñuelas posibles, y como prefiero no hacer mucho el primo (más aún, me refiero), le escuché. Me dijo:

«Mirá flaca, lo que vas a hacer ahora es irte a pedir un presupuesto estimado a estos tres talleres que te digo (uno en Beverly Hills y otros por ahí cerca). Tú no te asustes de ver los carros que entran allá, que serán carros lindos como Porsche y así. Tú entra con tu «jonda» tan tranquila, y pide un estimado para que te arreglen el capó. Te darán precios locos, pero tú hazte con tres presupuestos y se los presentas a la compañía aseguradora. Después, ellos te dirán que cojas el más barato, y si es poco suelen darte directamente la plata. Entonces te vienes y te recomiendo a un taller que hace chapa y pintura por muchos menos pesos, porque puede coger un capó de segunda mano o hacerte un arreglo y te sale por menos plata. Y si te sobra plata la disfrutas flaca, que estás aquí unos meses.»

Mi cara de absoluta atención cautivada se tornó en una cómplice sonrisilla, así que no sé si eso funcionará, pero mañana a primera hora me toca tournée por los talleres más cool de la ciudad. Palabra de Walter.

Por la tarde estuvimos en Santa Monica, ya que yo todavía no había visto el famoso Pier, un muelle donde hay algunas atracciones (una noria, una montaña rusa), sitios para tomar algo, gente cantando, todo en la playa. Es el muelle que salía mil veces en «Los vigilantes de la playa», y más de uno se ahogaba o se quedaba atascado entre los pilares de madera.

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Estaba chulo, y la playa mola bastante. Como iba atardeciendo, refrescaba, pero el día de hoy era para haber ido a la playa con la tortilla y todo. Por la noche estuvimos en Venice, cerca de Santa Monica, es un barrio más «hipster», con muchas tiendas «alternativas» donde las cosas cuestan una pasta, pero bares chulos, y hoy, por ser primer viernes de mes, había bastante gente y camiones de comida de muchos sitios diferentes, para pedirla y comértela por la calle.

En fin, el día ha dado para mucho, lo mejor ha sido aparcar en Venice después de un rato y ver que lo había hecho en «Andalusia Street» 😉

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